¿Crímenes? ¿Por qué crímenes?

¿No habéis reparado en lo poco que se espera que hagamos en el mundo actual? Es como si la gente aspirara a decírtelo todo en todas las situaciones, qué debes hacer, qué debes sentir, qué debes pensar... en definitiva, a destruir tus propias decisiones, emociones y pensamientos. Cualquier acto de protección de éstos, por inofensiva que sea, parece un crimen imperdonable, y así es como yo, tú, y otros seres curiosos y despiertos, nos volvemos delincuentes.

domingo, 6 de julio de 2014

Cómo identificar a alguien por su carrera de Historia

Esta corta guía os servirá para identificar el ideario de muchos estudiantes de letras a raíz de la carrera de Historia que han elegido. Al llevar dos años, no está completa, pero en todo caso sí tengo motivos para pensar que es exacta:

Historia: A nivel general, se dividen en cuatro subgrupos de personas.

-Aficionados a la Historia de verdad: Con frecuencia será una persona mayor, que ya tuviera una carrera pero se haya enganchado a Historia aprovechando un hueco libre.
-Gente rechazada de otras carreras y se dirigió a Historia pensando que le irá mejor.
-Gente que quería dedicarse a una carrera de letras con cierta fama pero era demasiado de izquierdas como para elegir Derecho.
-Radicales de un signo u otro que van para tener una base desde la que meter bulla en sus futuros libros/artículos/escritos/inserte aquí lo que quiera.

Una vez aquí, podemos dividir esta gente según la especialidad:

-Prehistoria: Vino por vocación, o lo que es lo mismo, se enamoró de Indiana Jones cuando era pequeño y decidió que de mayor sería él. Luego, tras el traumático descubrimiento de lo que realmente significa ser arqueólogo (todo prehistoriador es arqueólogo), los que hayan permanecido serán prehistoriadores claramente devotos, que tendrán que soportar el complejo de superioridad de las otras carreras históricas, que los ven como tíos en hoyos cavando todo el día, mientras piensan en lo ridículo que es que unos tíos sin fuentes escritas se llamen historiadores.

-Antigua de Egipto/Próximo Oriente: Perfecto candidato para emigrar a Inglaterra o Alemania, según lo que haya escogido. Es uno de los más comunes, de hecho, si no encuentras ninguno en una clase, igual es que te has equivocado de planeta.

-Antigua de Grecia y Roma: Probablemente aún más común que el anterior, y de tendencias más conservadoras, aunque es un tema lo bastante lejano como para que puedas ver de todo sin que se enzarcen en una lucha al estilo hoplita. Si es yanqui, seguramente querrá prevenir la caída de su propio imperio, pensando que Roma le puede dar pistas (como si fuera algo difícil de intuir).

-Medieval: Feudo conservador, entrar con cuidado, algunos de estos especímenes todavía creen que la Virgen María lanzó piedras de catapulta contra los musulmanes en Covadonga.

-Moderna: Algo así como el patito feo, demasiado reciente para atraer a los de Antigua, demasiado antiguo para motivar a los de Contemporánea, a estas alturas ya empezarán a matarse entre ellos por temas ideológicos, esencialmente religiosos o nacionales.

-Contemporánea: Bienvenido a la jungla. Probablemente la más popular de todas, tendrás que elegir tu banda para tener un hueco, y desde entonces serás enemigo de las otras bandas, por lo menos la mayor parte del tiempo. Cualquier cosa mencionada fuera (y a veces dentro) de la banda puede ser empleada para liarse a leches con el prójimo.

-América: Seguramente sea sudamericano.

-Oriente/África: WTF?

Historia del Arte: Historia + Historia del Arte = relación de amor-odio. No se toman en serio y casi ni se respetan en lo básico, pero mejor ellos que cualquier otro.

Historia del Derecho: Es el estudiante de Derecho (y de derechas) de toda la vida, sólo que tuneándose la carrera.

Historia de la Economía: Es el típico economista que vive en otra galaxia (como el 90% de los economistas hacen) pero le daba vergüenza admitirlo.

Y estos son los fundamentales que he podido detectar hasta la fecha. Feliz temporada de vacaciones, y que esto os sirva para orientaros la próxima vez que os encontréis a alguien que os diga que cursa Historia.


martes, 1 de julio de 2014

Sir Rudrick Jenkin está muerto.

Sir Rudrick Jenkin avanzó con decisión hacia el único espejo que quedaba en su casa. Con un guante de terciopelo rojo limpió el polvo que había dejado acumularse en su superficie. Entonces hizo lo que no había hecho desde hacía meses, antes incluso de que todo aquello hubiera pasado: mirarse en el espejo. Fue una mirada fría, que se negaba a dejar pasar emociones y pensamientos, a pesar de que por dentro se estaba exigiendo a gritos apartar la mirada, romper el espejo, desgarrarse la cara e increparse hasta perder la poca voz que le quedaba, todo al mismo tiempo. Finalmente, humedeció sus labios, y con mucho esfuerzo articuló:

-Estoy muerto.

En el fondo, llevaba todo este tiempo sabiéndolo. Se había obligado a sí mismo a imaginar que todo aquello fue un fatal sueño, su salida de la cripta, la incapacidad de andar con el garbo gallardo del que tanto se había enorgullecido durante las reuniones de sociedad, la soledad de su casa, el ver por doquier a otros asquerosos seres como el que veía en el horrible cristal, deambulando en busca de alguien... la soledad de su casa, y aquel lamentable incidente con aquella mujer errabunda que casi le costó la cabeza...

-Sí, Sir Rudrick -tras una apusa retomó el aliento y siguió- Jenkin. Estás muerto.

Nunca pensó que se vería rebajado a este estado. Quizá de haberlo sabido se habría ordenado quemar, en vez de querer conservar un aspecto (y en última instancia un esqueleto) impecable en estilo, testimonio de lo igualmente impecable que se había considerado toda su vida. Ahora era un pedazo de carne deforme en regresión cuya más clara compañía eran otros pedazos de carne en regresión incapaces de dejar por un segundos de buscar su maldita comida.

No, Sir Rudrick Jenkin no estaba listo para ser eso. Nunca iba a dejarse caer hasta ahí. Vivir cuánto y morir a manos de qué, si es que a esto se le podía llamar vida, eso no le importaba nada. Sería fiel a los suyos, quizá intentara llegar a un nivel de convivencia con ellos, los que aún estaban sin corromper. Nunca sería amistad o amor, ni siquiera consideración o aprecio, pero la sombra de lo que aquellas cosas significaban para él le bastaría para esforzarse en intentarlo. Tal vez existiera como un marginado, más allá del fin de unos o de otros,se retiraría intentando reconstruir una vida propia, noble a pesar de su caída en desgracia. Sin duda sería perseguido, quizá hasta por esas miserables criaturas de afuera, seguro que por sus viejos congéneres. Pero sabía una cosa: honor en la vida... y en la muerte. No dejaría que Sir Rudrick Jenkin muriera.

viernes, 28 de marzo de 2014

La gloria por un día.

Un día dijo en la agencia de empleo que quería protagonizar una comedia romántica, de esas ligeras e inofensivas que llenan de lagrimones ñoños los párpados y mejillas de criaturas extrasensibles y emoción fácil. Entonces le respondieron:

"Su currículum está en regla, y la actuación que envió adjunta nos gustó. Sólo tenemos un problema... nos resultaría más fácil hacer que la chica besara a Moquete que a usted".

Lo cual lo hizo pensar en la vida, en su aspecto, en sus opciones. ¿Por qué no una máscara? El Amante Enmascarado, eso cautivaría. Pero el único modo de que funcionara es que nunca se viera su cara, y secubriera el cuerpo con una capa ancha, y él no se perdonarí nunca dejar atrás su malogrado aspecto, lo que fue, es y será, ni siquiera en pos de extravagantes sueños. Debían verlo, de cuerpo entero.

Tan obsesionado estaba con realizar aquel acto, que tantos considerarían banal, tanto empeño puso, que tras haber barajado miles de opciones, se decidió por la que quizás fue la más extravagante. Unas semanas después, en algún cine de bajo costo, estrenaron la obra del excéntrico actor. "La Dama y el Necrófago", apenas duró unos días, lo bastante para que se hiciera a la idea de que aquello no funcionará como las grandes obras del género. No conmoverá, por bien hecho que esté. O mejor dicho, no conmovería a nadie que no estuviese absurdamente malformado, y  mirase la historia de uno de sus sueños cumplidos, viéndose trastabillar en pos de algo que todavía no sabe si llegará a encontrar fuera de una proyección con fecha corta de caducidad en una sala oscura en mal estado de conservación.

martes, 25 de marzo de 2014

Alguien aquí es mi enemigo

Cuando entré en la sala, me encontré con que todos habían  llegado antes. Estaban sentados, y ya sólo quedaba que ocupara mi puesto a la mesa. 

Uno de ellos era un traidor, lo supe desde el momento en que todos ellos acordaron reunirse conmigo aquí, y ahora. ¿O lo eran todos? Uno de ellos, como mínimo. Si me sintiera de mejor humor haría algún chiste con el vino que había en la mesa, pero no creo que me sienta animado hasta el momento en que al menos sepa el número de traidores, y quiénes eran. Decidí acabar con la farsa de uan vez, y hacer notar mis sospechas:

-"Uno de vosotros me ha traicionado".

Era el revuelo que esperaba. Ha ido bien, ya sé cuántos traidores hay aquí. Se ve en las reacciones del público de qué bando está cada cual. Y la verdad, cuando entré aquí pensé que la traición habría adoptado otro rostro.

lunes, 24 de marzo de 2014

Mahdi

"¿Conoces la historia del Mahdi de Sudán?", le dijo como si todo el mundo hubiera crecido con ella.

"¿Qué tiene que ver eso con mi problema?", realmente le resultaba muy irritante que siempre hablara así cuando quería su consejo. Una pregunta con una larga explicación, y al final una dura sentencia que poco tiene que ver con la pregunta.

"A finales del siglo XIX, un hombre, Muhammad Ahmad Ibn Abd-Allah, se proclamó como el Mahdi, el legendario caudillo musulmán que haría triunfar por siempre el Islam. Lideró una revuelta sobre los ingleses, que controlaban el Sudán, derrotando al general que gobernaba la región."

"¡Ve al grano de una vez!" estaba perdiendo la paciencia con tanta diatriba, quería que fuera al final, para no terminar la historieta.

"Los mahdi eran individuos extraordinarios. Se decía que las enfermedades que aflijen a los mortales no les afectaban. Muhammad se veía a sí mismo como el verdadero Mahdi, el Elegido. No tenía miedo a los leprosos, pasaba cerca de ellos sin ningún cuidado. Pero el Mahdi cometió un gran error: podía creerse perfecto, pero siempre sería un mortal como cualquier otro. Su poder se desprendió de él al mismo ritmo al que lo hizo su carne."

"Perfecto... ¿y a qué ha venido eso? Ilumíname, ¿de qué me sirve?"

Básicamente, creiste que podías evitar que esto te explotara en la cara y te la borrara en pedazos. Un mahdi."

"O sea, que esto no tiene remedio, ¿verdad?"

martes, 10 de septiembre de 2013

Lorzas pensantes

"Qué mundo, amigos, qué mundo", pensaba mientras veía mis disimulados michelines. Si alguien mirara, juzgaría que la decadencia tiene un aspecto parecido, pero no me veo inmundo, salvo esos días que mi cerebro se une a las puyas de esos bipolares que me dicen que estoy estupendo pero en la última sílaba cambian de parecer y me dicen obeso.

Medio frito en un cuarto, hombre solitario, no por ausencia de gente, si no porque nunca sabré cuándo puedo contar con ella. Aunque no consideraba que pormenores tales que mis penas y frustraciones fueran compartibles, menos aún, entendibles, por prácticamente nadie. Al fin y al cabo, nadie entendía mis palabras, palabras que para mí siempre fueron obvias, imposibles de entender de otro modo, o al menos no en el mismo idioma, por nadie. Pero se me ejecuta por ellas, una y otra vez, ver mi cabeza rodando por el suelo del baño, de mi habitación, de un pasillo, de una escalera, de la calle me parece lo más normal del mundo. Y cada vez que cae, me dejan sólo ante ella, tanteando a ciegas en su busca, para poder recuperar la visión, y lo que un servidor entiende por vida. Y aun así, aun con un cuello que casi necesita grapas y celo para mantenerse y una cabeza que cada vez tiene menos que ver con el mundo real, tengo que ser discreto, imperturbable, sensible, astuto, tener tacto de prestidigitador, tres cerebros en uno, y toda una serie de otras cosas pedidas de forma aleatoria a lo largo del día por seres que nunca aceptaron sus propias cargas, que delegaron en alguien mejor la tarea de llevarlas.

No era la primera vez que se me ocurría: una entropía eterna, que por esto mismo conllevaba una insana resistencia a la misma, en algún pequeño lugar de mi cabeza que insistía en hacer algo productivo con las marcas que a lo largo de mi cuerpo atestiguan la cantidad de veces que ellos, los extraños y los bienamados, dejaron rodar mi cabeza, sus "fue culpa tuya" resonando en algún lugar de mi cuerpo que ver no podía, las veces que ni se dignaron en devolverme su macabro trofeo. Carne y pensamientos lacerados, destinados aún a demostrar el verdadero significado del camino por el que marcho, de mi verdadero mundo.


jueves, 4 de julio de 2013

Rasgado el tapiz, sólo queda ver lo que esconde.

Aprovecho para volver a presentarme ante ustedes. Sí, ustedes, que han pasado por aquí, no siempre, pero una y otra vez, como si en un arrebato digno de Vladimir y Estragón supusieran que un día aparecería por aquí cual Godot que diera la felicidad y la respuesta a todas las cosas. Y como a mí nunca me ha gustado sentirme un dios (demasiadas responsabilidades, y eso de estar en todas partes te acaba dejando muy malos ratos), he decidido romper mi exilio y volver a mi tablón.

Lo que tienen ustedes ante sus ojos es toda una cadena de protocolos de ensayo y error, aplicados a lo largo de toda una persona, un  número casi imposible de cuantificar en eslabones, que bien podrían haber alterado toda mi naturaleza si en algún momento de mi montaje hubiera decidido apretar otro botón. No es algo que esté diciendo a la ligera esto de los botones. Simplemente hay que quitarse la idea de estar ante una videoconsola o un teclado cuando se dicen estas cosas, todas nuestras acciones y reacciones bien podrían aislarse y representarse como teclas que pulsar en un momento determinado, aunque sería un sistema tan absurdamente complejo que no creo que lo veamos nunca en un aparato tecnológico real. Pero por donde iba, mis pasos, al igual que los vuestros, nos han llevado a muchas cosas a día de hoy, como el hecho de que esté escribiendo esto y vosotros lo acabéis leyendo al cabo de unos días, o no, en caso de que os hayáis hartado de mi cara hasta el punto de que no queráis ni intentar imaginárosla y dejéis este blog para curaros en salud.

Tengo a bien comunicarles que lo más seguro es que, después de una peregrinación mental de aproximadamente un año de duración, destinada a tallar un lugar detrás del lienzo que todo aspirante a futuro debe romper, y a muchas otras cosas, que por longitud excesiva no vendría al caso poner en este preciso instante, estoy aquí otra vez, presto a volver a desparramar creaciones. ¿Genialidades o engendros? Eso no importa.

sábado, 9 de marzo de 2013

Microrrelato: vidas y piscinas

A Aranella le encantaba la piscina que había cerca de su casa.  Era enormemente profunda, cuanto más decidía hundirse, las paredes tenían un aspecto más descuidado y malogrado a medida que se hundía, y el fondo se veía negro, como si buceara en el mar en vez de en una piscina. Le encantaba ver la profundidad a la que era capaz de llegar, era un palcer acercarse cada vez más a aquella especie de vacío que gobernaba el fondo inflexible. Disfrutaba en medio de aquella oscuridad, forzándose a seguir hacia abajo, sumerjiéndose hasta que era prácticamente imposible de ver, pues esta actividad, como todo el mundo que había hecho suyo, era más interesante en la noche, con sus confusas luces eléctricas como única guarda ante la negrura. 

Durante años, su vida y sus zambullidas en la piscina siguieron el mismo patrón, siempre queriendo bajar unos metros más, y regodeándose en la experiencia de bajarlos, para volver a forzarse tiempo después a ver el fondo más de cerca.

Un día se sumergió en la piscina y llegó a mayor profundidad de la que había llegado nunca. No salió a flote.

sábado, 9 de febrero de 2013

Tu espejo y tú cara a cara.

Vemos diariamente nuestra imagen en un espejo. Si nos quedamos quietos unos segundos, examinaremos casi inevitablemente nuestro rostro, el aire cansado que le haya impregnado, una mueca extraña que se nos haya quedado desde ya ni sabemos cuándo, un posible defecto físico, lo bonitas o feas que son las caras que ponemos al sonreir, al penar, al hacer lo que sea. Casi invariablemente, en algún momento de nuestras vidas habremos llegado a conclusiones opuestas en todos estos aspectos, mostrando nuestro rechazo a unas expresiones que no podemos ver sino como una caricatura grotesca, o animándonos al pensar que realmente tenemos un aspecto maravilloso.

Si nos detenemos en la observación unos segundos más, fácilmente pasaremos de este tema a pensar cómo nos ha ido algo, un hecho concreto, el día, la vida entera a veces. Por algún portento esperable, opiniones negativas en el paso anterior suelen ocasionar opiniones negativas en éste otro, y viceversa. Y sin embargo, no siempre es así, ya sea para darnos una palmada en el hombro después de autoflagelarnos, o para cuestionar qué estamos haciendo con nuestras vidas.

Si seguimos dándole vueltas a la cabeza a ese tipo de cosas, lo normal será llegar a una pregunta ante la que sólo caben la imaginación y la curiosidad. ¿Quién sería yo si fuera otra persona? ¿Cómo viviría? ¿Qué haría, cuándo, con quién? Por norma serán ideas, no diré mejores (aunque por norma así sean) sino más despreocupadas, con una vida aparentemente más sencilla y/o arreglada, en definitiva, una vida a menudo más segura y en la que creen que podrían ser felices, tanto o más que en la realidad. Algunos ven esta historia alternativa de su vida demasiado seductora y apetecible como para dejarla pasar, otras, sin embargo, por miedo a quedarse en el camino, por desconocimiento de aquello que podría permitirle realizar esta vida, o incluso por amor a lo que es en ese momento deciden dejarla pasar, no sacarla de lo que serían suposiciones maravillosas.

No quiero fingir con todos estos plurales que no me he hecho estas preguntas. Quiero pensar que no soy el único que a veces tiene dudas sobre sí mismo, que no ha pensado en giros radicales que le darían una vida en la que cree podría encontrar más oxígeno. Sí, a veces me pregunto cómo viviría ahora si algunos errores no hubieran pasado, si hubiera llevado a cabo otro estilo de vida... pero en el fondo, esta pregunta no tiene por qué conllevar el odio a una vida adquirida. No he escrito esto para quejarme de una vida que en el fondo no querría abandonar.

Sólo he venido aquí a reflexionar, y a hacer a otros las mismas preguntas que yo me respondo. A sentir vértigo cada vez que vuelva a leer esto ante el poder de un espejo, y de las miradas que nos devuelven cuando tenemos la peregrina idea de mirarnos en él. Miradas que no dejan de ser las nuestras.

martes, 22 de enero de 2013

El consejo del horror

Mirad bien, guardaos de lo que hacéis, pues mi voz espanta las ánimas, mi aliento deseca la tierra y maldice el aire, mis palabras huelen al terror que suscitan, y mi mera visión es uan espina clavada en los costados de los seres que caminan. No ha habido en este mundo quien haya querido afrontar mi carcasa, y menos aún quien haya osado desafiar las sombras de su interior. Todos huyeron, atravesando ríos, colinas, medio mundo, lo que hiciera falta para curar sus ojos y memoria de tan desagradable espectáculo. Pues el propio miedo me teme, y ni la muerte se acomoda a mi presencia. Te has quedado aquí para arrancar la gangrena de mi interior, y no tienes miedo a su poder. No te haces a la idea ni de la mitad de las cosas que he aspirado en esta existencia monstruosa. Y sin embargo, o quizá por eso, te has quedado aquí, estando yo...

Pienso darme la vuelta. Si quieres huir, te daré lo más parecido que puedo dar a una bendición, como he hecho todos estos años. Si de verdad estás pensando en quedarte ante el ojo del huracán, mi abismo estará esperando.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Si se pensara más como Cyrano...

¿Loar el fino pelo de orejas de borrico?
¿Ante la corrupción tener cerrado el pico?
¿Calcular con temor ante un leve anatema?
¿Hacer una visita en lugar de un poema?
¿Contar los parabienes, hacerme presentar?
¡No, gracias! Yo prefiero cantar,
soñar, sufrir, bailar, sentir la soledad,
ir con la cabeza bien alta, hablar con libertad;
sin quitarme el sombrero, contemplar universos,
por un sí o por un no, luchar... ¡o escribir versos!

Fragmento de monólogo de la obra Cyrano de Bergerac.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El sapo y el ciempiés

En un bosque que no sabría colocar en el mapa vivía un ciempiés con un gran don: era un magnífico bailarín. Todos se maravillaban ante el despliegue de habilidades del artista, todos menos un sapo, que, envidioso, no soportaba ver bailar al ciempiés.

Un día, tuvo una brillante idea para librarse del ciempiés. Le escribió una carta como si fuera un admirador que viviera en tierras lejanas, y esperó a que el ciempiés volviera a su casa. Cuando abrió la carta, pudo ver escrito lo siguiente:

"Saludos:

Vengo de tierras lejanas, y en un corto viaje que hice a través de su bosque, tuve el placer de observar su danza. Tiene usted mucho talento, y me gustaría poder llegar a hacer algo parecido en mi vida. ¿Cómo lo hace usted, alterna las patas 43 y 15 o pasa de la 81 a la 76?

Gracias por su atención."

Después de leer esto, se dio cuenta de una cosa. El siempre había sido muy bueno, pero no sabía exactamente cómo bailaba. Esa noche no pudo dejar de darle vueltas a la idea, y cuanto más pensaba en ello, menos magia veía en aquel baile que a tantos había fascinado. Cuando llegó la mañana, se miró en el espejo antes de salir al exterior. Toda su vida se había resumido en bailar, y ya no veía ningún sentido en ello. Ese día no bailó. De hecho, nunca volvió a bailar.

Quizá alguien piense por qué he escrito una fábula en este espacio. Probablemente sea en esta fábula donde mejor podamos intuir la regla de oro de la vida. Al igual que el baile del ciempiés, es hermosa hasta que intentamos desentrañarla y comprender por qué, y para qué. La vida no tiene por sí misma ningún sentido. Es nuestro deber dárselo.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Yo he visto el futuro...

...y he visto una tierra de sonámbulos y de héroes muertos y excomulgados. Las casas todas se tiñen de rojo cada mañana, entre griteríos, horror, ira y angustia. En todas las calles hay un lince muerto, arrojado desde el balcón de una casa vacía, ante la visión de las velas negras de Teseo.

He visto el futuro, y en él nadie pasea por placer. Las calles bullen de caricaturas famélicas que acechan a aquellos que bajan. Los cubos están volcados, escarbados a conciencia, su interior, roído hasta la médula. Los esqueletos de los seres que no consiguieron imponerse se entremezclan con los de las personas, que intentando vivir, no lograron huir de ellos. Los niños medio comidos dan fe de la ruina de este mundo, de la muerte de la humanidad, y del ocaso del "homo sapiens".

Lejos de las ciudades, las tenias viven en casas de oro y perlas policromadas. Cada semana se alimentan de un millar de vidas, arrebatadas a traición. Todos los meses osos y dragones les traen los cráneos de aquellos que las desafiaron. Se llenan la boca del deber sobre el que escupen, mientras violan con sus oraciones al cielo y a la tierra.

He visto el futuro, y en él han vuelto los esclavos. Los hombres se dividen en humanos y en propiedades. El término  "clase media" lleva años sin tener significado, y la razón ha sido herida de muerte, con la única opción de desangrarse donde quisiera en esta tierra seca. El "Derecho de Pernada", la "Ley de Fugas", todos los lánguidos espectros de timos asesinados, han encontrado su santuario.

He visto el futuro, y arde en las mareas de la guerra. Una guerra urdida desde hace años, generada por la necesidad de amparar los crímenes hechos bajo un escudo seguro. Un escudo seguro que sólo la amenaza de las lunas que trae el mar podía aportar. Ríos de acorazados llenan el mar de proyectiles, mientras las costas a los dos lados del mar desaparecen del globo. A kilómetros del frente no queda un alma que no esté recubierta de sangre, que no haya matado pueblos enteros con sus manos.

He visto el futuro, y en medio del caos y la desidia, veo un trono de huesos forrado de pieles humanas. A sus pies se vierte la sangre de mil sacrificios a la semana, y en él se sienta observador un cadáver burlón y despótico. El que fue enterrado con sus víctimas habrá salido a terminar lo que empezó, y a sus pies se agazapan gimoteantes los obscenos paladines que nos prometieron superar los tiempos oscuros con su ayuda.

He visto el futuro. Parece imposible que algo así pueda llegar a suceder, ciertamente, casi impensable. Pero también era impensable que fuéramos a pagar tres veces por nuestros medicamentos, y lo vamos a hacer. Era impensable que implantáramos amnistía fiscal, y se hizo. Era impensable que el IVA de nuestra cultura estuviera al 21% mientras se subvenciona con dinero público las corridas de toros, y se ha hecho. Era impensable que tuviéramos que pagar por defendernos en un tribunal judicial, y se está haciendo.

Damos tumbos hacia el futuro, pretendiendo que sea otro el que defienda nuestro honor, sin plan, sin rumbo.    Y mientras, hay que vivir, con la esperanza de que nadie puede acertar cuando ve el futuro.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El villano de la historia

¿Ninguna vez te ha pasado? Sí, te lo digo a ti, ahora que estás leyendo esto. ¿Podrías decir que en ningún momento te apiadaste de algún villano, pensases que no merecía estar allí, que su castigo era injusto? A veces nos apiadamos de los villanos, es algo normal, creo. Al fin y al cabo, muchos villanos son algo más que seres sin escrúpulos que buscan moldear el mundo a su imagen y semejanza y torturar y asesinar horriblemente a cualquiera que discrepe. Muchos tienen una historia, una cadena de hechos que los habrá hecho llegar hasta ese punto en el que se pasa del bien al mal. Y a veces puede que te parezca que eso no basta para condenar al villano de turno. Que ese no es su lugar, que la balanza de la justicia ha vuelto a desequilibrarse, que no se merecía el castigo al que es sometido.

A mí al menos me ha pasado, no sé si es un problema mío o no. El caso es que, una vez más, la realidad supera a la ficción, y la vida real está sembrada de individuos que son castigados como criminales, terroristas, agitadores, o incluso monstruos (en sentido figurado) y herejes. Y entonces, puede, sólo puede, que alguno de estos pobres diablos te parezca merecedor de compasión, de respeto, o incluso de aprobación. Y entonces piensas: ¿por qué eres el malo?

Y desde ese preciso momento, todo el vórtice de información que puedas recibir sobre el susodicho sujeto deja de tener sentido, se está siendo exageradamente cruel con alguien, ya sea culpable o inocente, y el mundo en que vives y que (normalmente) aprueba la sentencia roza ya la villanía que pretende erradicar.

Y al final, algunas personas van más allá, y analizan de este modo, no ya a una figura de ficción, a un personaje histórico, o a alguien que ha salido en los periódicos o la televisión. Algunas personas acaban mirándose a sí mismas y a lo que las rodea. Y entonces, empiezan los verdaderos problemas, porque no puedes imaginarte de  buenas el rol que alguien de tu entorno cercano puede tener, y cuándo puede que cambie inesperadamente de papel.

Y una vez estás ahí, ¿no te ha pasado alguna vez que en algún momento de la historia, tú has sido el malo? ¿Y no has sentido alguna vez que te juzgaran como si lo fueras, sin que hubiera malicia en las acciones que acarrearon el castigo, y que la crueldad del mismo es desproporcionada?

lunes, 15 de octubre de 2012

De ruinas y renaceres.

Sigo aquí, luchando entre estas ruinas,
estas ruinas que fueron en su día un sueño áureo,
un sueño áureo condenado a morir
bajo la abrasadora sombra de tus labios,
labios ahora inexpresivos y ausentes, que antaño albergaron sonrisas
por las que vendí mi aliento y mis entrañas.

Mis entrañas arden en fuego frío,
fuego frío proveniente de necias forjas,
necias forjas alimentadas por la estupidez
de turbas de seres vacíos y absurdos cetros
que pasean descaradas razones por calles de carroña.

La carroña se quema entre los páramos de mi memoria
entre cráteres sollozantes y rencorosas brechas.
Aquí resisto, rebelde y listo para volver a avanzar,
avanzar hacia el cambio, el renacer, el futuro, el triunfo.

Triunfo sobre la adversidad, sobre el miedo,
sobre la estupidez, sobre el recuerdo y su ausencia,
sobre ti, sobre mí, hacia un mejor futuro.

No olvides que yo sigo buscando un yo mejor,
que no soy el mismo, que ahora afronto mis cargas,

que algún día volveremos a vernos, sin sombras, sin dagas, sin miedo.

lunes, 20 de agosto de 2012

Miedo a querer

Entonces le pregunté por qué lloraba, por qué me rehuía como a una sombra. Leía el miedo en sus lágrimas, y ella lo sabía...

-Querer a alguien te hace vulnerable a él. Y todas las personas ante las que me he hecho vulnerable me han dado motivos para tener miedo a esa situación.

Se le estaban empezando a secar las lágrimas. Haciendo lo que parecía un gran esfuerzo por recuperar la compostura, se me encaró:

-¿Me va a pasar lo mismo contigo?

sábado, 18 de agosto de 2012

En este show que somos todos...

Nadie es lo que parece. Pensamos que aquellos a los que conocemos ya no pueden sorprendernos, que ya podemos deducir sus acciones, sus pensamientos, el cómo reaccionarán ante cualquier cosa que podamos imaginarnos. Creemos que lo hemos llegado a saber todo sobre ellos, o por lo menos que podemos relatar su vida con fidelidad, como si ellos fuéramos nosotros. En definitiva, que ahora que sabemos o creemos saber quiénes son y cómo son, ya los conocemos sin un atisbo de duda.

A veces no hace falta ni que los conozcamos de verdad, entonces pensamos, como si despreciáramos en lo más hondo a dichas personas, que simplemente no van a hacer nada tan extraordinario como para que te detengas y mires, como para que te preguntes por qué ni cómo.

Estas convicciones, en las que todo el mundo ha creído, muchos creen, e incluso creerán después de haber leído estas líneas, o incluso después de haber experimentado los hechos aquí expuestos; no son, sin embargo, nada más que meros artificios para que nuestra mente permanezca apegada a nosotros, para que no se distraiga en los misterios de las vidas de otros, una necesidad de tener unos esquemas rígidos para alimentar una impresión de normalidad y estabilidad en la vida y en el mundo.

Jamás se llega a comprender realmente a una persona, el cerebro humano ha demostrado ser demasiado complicado como para que ni siquiera lleguemos a acercarnos a entenderlo. Es más, lo más normal es que una persona no llegue ni a terminar de comprenderse a sí misma, incluso en situaciones que podríamos llamar cotidianos, no hablemos ya de situaciones anormales. La máxima comprensión que podemos tener sobre una persona son las suposiciones, que formulamos como si fueran infalibles, sobre lo que hará o no hará dicha persona en determinadas situaciones, suposiciones obtenidas en base a vastas cantidades de datos que habremos recopilado (o no) antes de realizar cualquier tipo de predicción. Otras veces, vamos más lejos, y no atenemos ya no a datos sino a prejuicios a raíz de observaciones más o menos cuidadosas de los que nos rodean o a raíz de lo que hayamos oído sobre ellas.

Al final, y aunque a menudo nos lo neguemos continuamente, nunca sabemos cuándo la persona que mejor creíamos entender hará algo que echará por tierra todos nuestros esquemas y predicciones.
La propia vida de la gente en realidad es un misterio. Un día, el menos pensado, por accidente casi seguro, descubres una nueva faceta de un individuo que creías tener identificado, quizá el descubrir quedurante un tiempo ha sido actor o actriz, quizá la afirmación de unas inclinaciones que calló y disimuló todo el tiempo a causa del miedo, quizá descubras por accidente un horrible secreto que dicha persona ha guardado con celo año tras año, o quizá descubras que ha estado fingiendo un determinado estilo de vida todo el tiempo... las posibilidades son infinitas

en este show que somos todos.

jueves, 16 de agosto de 2012

¿Qué es actuar?

Saber actuar es convertir la vida de otras personas en la tuya. Dejar que sus emociones, pensamientos, decisiones y circunstancias penetren en ti como un vendaval cortante. Convertirte en otra persona completamente distinta. Saber actuar es querer a todos tus compañeros de escenario, aunque sean las personas más detestables que te podrías esperar, a veces hasta amarlas. Y a veces también significa hacer cosas que jamás pensaste que podrías llegar a hacer con un ser querido. Saber actuar es desenmarañar la red de acciones y reacciones en que se basa el trato humano, comprender por qué, cómo, qué, y entre quiénes. Saber actuar es desprenderte de las cadenas de la vergüenza, saber el valor que el más mínimo movimiento de cualquier parte de tu cuerpo puede tener, y dárselo. Saber actuar es arrancar los moldes de tu mente, hacerla líquida, que se adapte a la vida que le tocará esta vez representar...

¿Es tan distinta la vida de un escenario? ¿No somos tú y yo, al igual que todos los demás, actores que no han entendido la obra e improvisan sobre la obra? ¿No estamos ahora sobre un escenario enorme, con su propio atrezzo, con el que elegimos o no interactuar? ¿No es cada una de nuestras relaciones una relación establecida entre dos actores, improvisada y desarrollada?

¿Saber actuar no es, entonces, saber vivir?

lunes, 30 de julio de 2012

Confesiones vividoras.

Padre, he pecado, y por eso pido perdón.

Pido perdón porque he querido de verdad, más allá del dinero, el sexo en bruto o el capricho pasajero. He querido a pesar de haber sido torturado por la persona querida. Incluso ahora sigo igual. La tengo más cerca de lo que usted ahora podría imaginarse, porque en la mente ya le he hecho un lugar eterno, donde siempre pueda ser reina cuando no la tenga delante.

Pido perdón por haber sido más romántico de lo que está bien visto, por no haberme subido al tren de los autoservicios amorosos cuando pasó ante mí, por haber pretendido enamorarme antes de tirarme al sujeto, consiguiendo al final enamorarme sin haber desnudado a la persona.

Pido perdón por haber pensado que las reglas del amor eran complejas, por idear estratagemas para buscar ventaja y así enamorar, aún sabiendo que mis estratagemas fallan siempre, por no haber tenido el valor de seguir adelante cuando debí hacerlo, por negarme a huir sin mirar atrás cuando lo sentía todo perdido, por no poder eliminar mi historial como los navegadores de Internet.

Pido perdón por haber querido brillar de un modo distinto, ensalzando las anomalías donde otros ensalzan los rebaños y lo clónico, por haber querido siempre sentirme fuerte, aún cuando no podía tener más miedo. 

Pido perdón por haber temido sentirme vulnerable ante otras personas, por no haber buscado de forma activa una cercanía que en el fondo aterra, por lo fácil que resulta entonces sufrir.

Pido perdón por insistir en razonar mis puntos de vista, y no rendirme con facilidad, por no ver nada malo en discutir con argumentos, incluso aunque siempre intentara tener razón.

Pido perdón por pretender hacer como los actores de teatro: amar y escuchar siempre a tus compañeros de escena; en vez de seguir los dogmas y enfrentarme a todo lo que sea diferente, por haber tolerado defectos en otros, que jamás me perdonaron.

Pido perdón por haber vivido más o menos como he querido, en vez de como se me ha dicho que viviera.

Pido perdón por no haberme callado esas cosas que uno debe callarse, por enarbolar sonrisas para protegerse de la tormenta en vez de abrazarla con mi peor cara.

Pido perdón por recordar tantas veces, a través de la música, de imágenes, de lo que sea; en vez de callar mi memoria y seguir igual, por dejar vagar mi mente cada mañana.

Pido perdón por dejar envainada mi espada, por perdonar a gente que no esperaba clemencia, por creer en la concesión de oportunidades que nadie me ha dado.

Pido perdón por pensar preguntas y respuestas a cosas de la realidad, por alimentar mi imaginación, por pensar que no todo tiene que ser como está aquí y ahora.

Pido perdón por haber difundido ideas, por haber criticado, por no callar la boca.

Pido perdón por todos esos momentos que debería haber estado en alguna parte y no he estado.

¿Cuál es mi penitencia, Padre?


domingo, 29 de julio de 2012

No es un saludo cualquiera.


Hola de nuevo...

Jamás pensé que estaría haciendo esto, incluso ahora lo veo raro. Después de tanto tiempo comprobando que había un abismo entre los dos, lo lógico hubiera sido alejarse por siempre... pero no se nos deja olvidar por las buenas, y aún así, no siempre queremos abandonarnos a semejante idea. Aún con el frío cortante, con la incomodidad, con el  dolor, aún así, a veces la morriña y el anhelo vencen al orgullo y a "lo conveniente".

He pensado mucho en qué te diría en una ocasión semejante, enormes y emotivas declamaciones condenadas a morir y ser olvidadas. Las palabras no bastan para hacer justicia a tantos hechos, así que me limitaré a decir:

"Hola de nuevo, cuánto tiempo."