"¿Qué tiene que ver eso con mi problema?", realmente le resultaba muy irritante que siempre hablara así cuando quería su consejo. Una pregunta con una larga explicación, y al final una dura sentencia que poco tiene que ver con la pregunta.
"A finales del siglo XIX, un hombre, Muhammad Ahmad Ibn Abd-Allah, se proclamó como el Mahdi, el legendario caudillo musulmán que haría triunfar por siempre el Islam. Lideró una revuelta sobre los ingleses, que controlaban el Sudán, derrotando al general que gobernaba la región."
"¡Ve al grano de una vez!" estaba perdiendo la paciencia con tanta diatriba, quería que fuera al final, para no terminar la historieta.
"Los mahdi eran individuos extraordinarios. Se decía que las enfermedades que aflijen a los mortales no les afectaban. Muhammad se veía a sí mismo como el verdadero Mahdi, el Elegido. No tenía miedo a los leprosos, pasaba cerca de ellos sin ningún cuidado. Pero el Mahdi cometió un gran error: podía creerse perfecto, pero siempre sería un mortal como cualquier otro. Su poder se desprendió de él al mismo ritmo al que lo hizo su carne."
"Perfecto... ¿y a qué ha venido eso? Ilumíname, ¿de qué me sirve?"
Básicamente, creiste que podías evitar que esto te explotara en la cara y te la borrara en pedazos. Un mahdi."
"O sea, que esto no tiene remedio, ¿verdad?"
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