Un día dijo en la agencia de empleo que quería protagonizar una comedia romántica, de esas ligeras e inofensivas que llenan de lagrimones ñoños los párpados y mejillas de criaturas extrasensibles y emoción fácil. Entonces le respondieron:
"Su currículum está en regla, y la actuación que envió adjunta nos gustó. Sólo tenemos un problema... nos resultaría más fácil hacer que la chica besara a Moquete que a usted".
Lo cual lo hizo pensar en la vida, en su aspecto, en sus opciones. ¿Por qué no una máscara? El Amante Enmascarado, eso cautivaría. Pero el único modo de que funcionara es que nunca se viera su cara, y secubriera el cuerpo con una capa ancha, y él no se perdonarí nunca dejar atrás su malogrado aspecto, lo que fue, es y será, ni siquiera en pos de extravagantes sueños. Debían verlo, de cuerpo entero.
Tan obsesionado estaba con realizar aquel acto, que tantos considerarían banal, tanto empeño puso, que tras haber barajado miles de opciones, se decidió por la que quizás fue la más extravagante. Unas semanas después, en algún cine de bajo costo, estrenaron la obra del excéntrico actor. "La Dama y el Necrófago", apenas duró unos días, lo bastante para que se hiciera a la idea de que aquello no funcionará como las grandes obras del género. No conmoverá, por bien hecho que esté. O mejor dicho, no conmovería a nadie que no estuviese absurdamente malformado, y mirase la historia de uno de sus sueños cumplidos, viéndose trastabillar en pos de algo que todavía no sabe si llegará a encontrar fuera de una proyección con fecha corta de caducidad en una sala oscura en mal estado de conservación.
¿Crímenes? ¿Por qué crímenes?
¿No habéis reparado en lo poco que se espera que hagamos en el mundo actual? Es como si la gente aspirara a decírtelo todo en todas las situaciones, qué debes hacer, qué debes sentir, qué debes pensar... en definitiva, a destruir tus propias decisiones, emociones y pensamientos. Cualquier acto de protección de éstos, por inofensiva que sea, parece un crimen imperdonable, y así es como yo, tú, y otros seres curiosos y despiertos, nos volvemos delincuentes.
viernes, 28 de marzo de 2014
martes, 25 de marzo de 2014
Alguien aquí es mi enemigo
Cuando entré en la sala, me encontré con que todos habían llegado antes. Estaban sentados, y ya sólo quedaba que ocupara mi puesto a la mesa.
Uno de ellos era un traidor, lo supe desde el momento en que todos ellos acordaron reunirse conmigo aquí, y ahora. ¿O lo eran todos? Uno de ellos, como mínimo. Si me sintiera de mejor humor haría algún chiste con el vino que había en la mesa, pero no creo que me sienta animado hasta el momento en que al menos sepa el número de traidores, y quiénes eran. Decidí acabar con la farsa de uan vez, y hacer notar mis sospechas:
-"Uno de vosotros me ha traicionado".
Era el revuelo que esperaba. Ha ido bien, ya sé cuántos traidores hay aquí. Se ve en las reacciones del público de qué bando está cada cual. Y la verdad, cuando entré aquí pensé que la traición habría adoptado otro rostro.
lunes, 24 de marzo de 2014
Mahdi
"¿Conoces la historia del Mahdi de Sudán?", le dijo como si todo el mundo hubiera crecido con ella.
"¿Qué tiene que ver eso con mi problema?", realmente le resultaba muy irritante que siempre hablara así cuando quería su consejo. Una pregunta con una larga explicación, y al final una dura sentencia que poco tiene que ver con la pregunta.
"A finales del siglo XIX, un hombre, Muhammad Ahmad Ibn Abd-Allah, se proclamó como el Mahdi, el legendario caudillo musulmán que haría triunfar por siempre el Islam. Lideró una revuelta sobre los ingleses, que controlaban el Sudán, derrotando al general que gobernaba la región."
"¡Ve al grano de una vez!" estaba perdiendo la paciencia con tanta diatriba, quería que fuera al final, para no terminar la historieta.
"Los mahdi eran individuos extraordinarios. Se decía que las enfermedades que aflijen a los mortales no les afectaban. Muhammad se veía a sí mismo como el verdadero Mahdi, el Elegido. No tenía miedo a los leprosos, pasaba cerca de ellos sin ningún cuidado. Pero el Mahdi cometió un gran error: podía creerse perfecto, pero siempre sería un mortal como cualquier otro. Su poder se desprendió de él al mismo ritmo al que lo hizo su carne."
"Perfecto... ¿y a qué ha venido eso? Ilumíname, ¿de qué me sirve?"
Básicamente, creiste que podías evitar que esto te explotara en la cara y te la borrara en pedazos. Un mahdi."
"O sea, que esto no tiene remedio, ¿verdad?"
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