Sigo aquí, luchando entre estas ruinas,
estas ruinas que fueron en su día un sueño áureo,
un sueño áureo condenado a morir
bajo la abrasadora sombra de tus labios,
labios ahora inexpresivos y ausentes, que antaño albergaron sonrisas
por las que vendí mi aliento y mis entrañas.
Mis entrañas arden en fuego frío,
fuego frío proveniente de necias forjas,
necias forjas alimentadas por la estupidez
de turbas de seres vacíos y absurdos cetros
que pasean descaradas razones por calles de carroña.
La carroña se quema entre los páramos de mi memoria
entre cráteres sollozantes y rencorosas brechas.
Aquí resisto, rebelde y listo para volver a avanzar,
avanzar hacia el cambio, el renacer, el futuro, el triunfo.
Triunfo sobre la adversidad, sobre el miedo,
sobre la estupidez, sobre el recuerdo y su ausencia,
sobre ti, sobre mí, hacia un mejor futuro.
No olvides que yo sigo buscando un yo mejor,
que no soy el mismo, que ahora afronto mis cargas,
que algún día volveremos a vernos, sin sombras, sin dagas, sin miedo.
¿Crímenes? ¿Por qué crímenes?
¿No habéis reparado en lo poco que se espera que hagamos en el mundo actual? Es como si la gente aspirara a decírtelo todo en todas las situaciones, qué debes hacer, qué debes sentir, qué debes pensar... en definitiva, a destruir tus propias decisiones, emociones y pensamientos. Cualquier acto de protección de éstos, por inofensiva que sea, parece un crimen imperdonable, y así es como yo, tú, y otros seres curiosos y despiertos, nos volvemos delincuentes.
lunes, 15 de octubre de 2012
lunes, 20 de agosto de 2012
Miedo a querer
Entonces le pregunté por qué lloraba, por qué me rehuía como a una sombra. Leía el miedo en sus lágrimas, y ella lo sabía...
-Querer a alguien te hace vulnerable a él. Y todas las personas ante las que me he hecho vulnerable me han dado motivos para tener miedo a esa situación.
Se le estaban empezando a secar las lágrimas. Haciendo lo que parecía un gran esfuerzo por recuperar la compostura, se me encaró:
-¿Me va a pasar lo mismo contigo?
-Querer a alguien te hace vulnerable a él. Y todas las personas ante las que me he hecho vulnerable me han dado motivos para tener miedo a esa situación.
Se le estaban empezando a secar las lágrimas. Haciendo lo que parecía un gran esfuerzo por recuperar la compostura, se me encaró:
-¿Me va a pasar lo mismo contigo?
sábado, 18 de agosto de 2012
En este show que somos todos...
Nadie es lo que parece. Pensamos que aquellos a los que conocemos ya no pueden sorprendernos, que ya podemos deducir sus acciones, sus pensamientos, el cómo reaccionarán ante cualquier cosa que podamos imaginarnos. Creemos que lo hemos llegado a saber todo sobre ellos, o por lo menos que podemos relatar su vida con fidelidad, como si ellos fuéramos nosotros. En definitiva, que ahora que sabemos o creemos saber quiénes son y cómo son, ya los conocemos sin un atisbo de duda.
A veces no hace falta ni que los conozcamos de verdad, entonces pensamos, como si despreciáramos en lo más hondo a dichas personas, que simplemente no van a hacer nada tan extraordinario como para que te detengas y mires, como para que te preguntes por qué ni cómo.
Estas convicciones, en las que todo el mundo ha creído, muchos creen, e incluso creerán después de haber leído estas líneas, o incluso después de haber experimentado los hechos aquí expuestos; no son, sin embargo, nada más que meros artificios para que nuestra mente permanezca apegada a nosotros, para que no se distraiga en los misterios de las vidas de otros, una necesidad de tener unos esquemas rígidos para alimentar una impresión de normalidad y estabilidad en la vida y en el mundo.
Jamás se llega a comprender realmente a una persona, el cerebro humano ha demostrado ser demasiado complicado como para que ni siquiera lleguemos a acercarnos a entenderlo. Es más, lo más normal es que una persona no llegue ni a terminar de comprenderse a sí misma, incluso en situaciones que podríamos llamar cotidianos, no hablemos ya de situaciones anormales. La máxima comprensión que podemos tener sobre una persona son las suposiciones, que formulamos como si fueran infalibles, sobre lo que hará o no hará dicha persona en determinadas situaciones, suposiciones obtenidas en base a vastas cantidades de datos que habremos recopilado (o no) antes de realizar cualquier tipo de predicción. Otras veces, vamos más lejos, y no atenemos ya no a datos sino a prejuicios a raíz de observaciones más o menos cuidadosas de los que nos rodean o a raíz de lo que hayamos oído sobre ellas.
Al final, y aunque a menudo nos lo neguemos continuamente, nunca sabemos cuándo la persona que mejor creíamos entender hará algo que echará por tierra todos nuestros esquemas y predicciones.
La propia vida de la gente en realidad es un misterio. Un día, el menos pensado, por accidente casi seguro, descubres una nueva faceta de un individuo que creías tener identificado, quizá el descubrir quedurante un tiempo ha sido actor o actriz, quizá la afirmación de unas inclinaciones que calló y disimuló todo el tiempo a causa del miedo, quizá descubras por accidente un horrible secreto que dicha persona ha guardado con celo año tras año, o quizá descubras que ha estado fingiendo un determinado estilo de vida todo el tiempo... las posibilidades son infinitas
en este show que somos todos.
A veces no hace falta ni que los conozcamos de verdad, entonces pensamos, como si despreciáramos en lo más hondo a dichas personas, que simplemente no van a hacer nada tan extraordinario como para que te detengas y mires, como para que te preguntes por qué ni cómo.
Estas convicciones, en las que todo el mundo ha creído, muchos creen, e incluso creerán después de haber leído estas líneas, o incluso después de haber experimentado los hechos aquí expuestos; no son, sin embargo, nada más que meros artificios para que nuestra mente permanezca apegada a nosotros, para que no se distraiga en los misterios de las vidas de otros, una necesidad de tener unos esquemas rígidos para alimentar una impresión de normalidad y estabilidad en la vida y en el mundo.
Jamás se llega a comprender realmente a una persona, el cerebro humano ha demostrado ser demasiado complicado como para que ni siquiera lleguemos a acercarnos a entenderlo. Es más, lo más normal es que una persona no llegue ni a terminar de comprenderse a sí misma, incluso en situaciones que podríamos llamar cotidianos, no hablemos ya de situaciones anormales. La máxima comprensión que podemos tener sobre una persona son las suposiciones, que formulamos como si fueran infalibles, sobre lo que hará o no hará dicha persona en determinadas situaciones, suposiciones obtenidas en base a vastas cantidades de datos que habremos recopilado (o no) antes de realizar cualquier tipo de predicción. Otras veces, vamos más lejos, y no atenemos ya no a datos sino a prejuicios a raíz de observaciones más o menos cuidadosas de los que nos rodean o a raíz de lo que hayamos oído sobre ellas.
Al final, y aunque a menudo nos lo neguemos continuamente, nunca sabemos cuándo la persona que mejor creíamos entender hará algo que echará por tierra todos nuestros esquemas y predicciones.
La propia vida de la gente en realidad es un misterio. Un día, el menos pensado, por accidente casi seguro, descubres una nueva faceta de un individuo que creías tener identificado, quizá el descubrir quedurante un tiempo ha sido actor o actriz, quizá la afirmación de unas inclinaciones que calló y disimuló todo el tiempo a causa del miedo, quizá descubras por accidente un horrible secreto que dicha persona ha guardado con celo año tras año, o quizá descubras que ha estado fingiendo un determinado estilo de vida todo el tiempo... las posibilidades son infinitas
en este show que somos todos.
jueves, 16 de agosto de 2012
¿Qué es actuar?
Saber actuar es convertir la vida de otras personas en la tuya. Dejar que sus emociones, pensamientos, decisiones y circunstancias penetren en ti como un vendaval cortante. Convertirte en otra persona completamente distinta. Saber actuar es querer a todos tus compañeros de escenario, aunque sean las personas más detestables que te podrías esperar, a veces hasta amarlas. Y a veces también significa hacer cosas que jamás pensaste que podrías llegar a hacer con un ser querido. Saber actuar es desenmarañar la red de acciones y reacciones en que se basa el trato humano, comprender por qué, cómo, qué, y entre quiénes. Saber actuar es desprenderte de las cadenas de la vergüenza, saber el valor que el más mínimo movimiento de cualquier parte de tu cuerpo puede tener, y dárselo. Saber actuar es arrancar los moldes de tu mente, hacerla líquida, que se adapte a la vida que le tocará esta vez representar...
¿Es tan distinta la vida de un escenario? ¿No somos tú y yo, al igual que todos los demás, actores que no han entendido la obra e improvisan sobre la obra? ¿No estamos ahora sobre un escenario enorme, con su propio atrezzo, con el que elegimos o no interactuar? ¿No es cada una de nuestras relaciones una relación establecida entre dos actores, improvisada y desarrollada?
¿Saber actuar no es, entonces, saber vivir?
¿Es tan distinta la vida de un escenario? ¿No somos tú y yo, al igual que todos los demás, actores que no han entendido la obra e improvisan sobre la obra? ¿No estamos ahora sobre un escenario enorme, con su propio atrezzo, con el que elegimos o no interactuar? ¿No es cada una de nuestras relaciones una relación establecida entre dos actores, improvisada y desarrollada?
¿Saber actuar no es, entonces, saber vivir?
lunes, 30 de julio de 2012
Confesiones vividoras.
Padre, he pecado, y por eso pido perdón.
Pido perdón porque he querido de verdad, más allá del dinero, el sexo en bruto o el capricho pasajero. He querido a pesar de haber sido torturado por la persona querida. Incluso ahora sigo igual. La tengo más cerca de lo que usted ahora podría imaginarse, porque en la mente ya le he hecho un lugar eterno, donde siempre pueda ser reina cuando no la tenga delante.
Pido perdón por haber sido más romántico de lo que está bien visto, por no haberme subido al tren de los autoservicios amorosos cuando pasó ante mí, por haber pretendido enamorarme antes de tirarme al sujeto, consiguiendo al final enamorarme sin haber desnudado a la persona.
Pido perdón por haber pensado que las reglas del amor eran complejas, por idear estratagemas para buscar ventaja y así enamorar, aún sabiendo que mis estratagemas fallan siempre, por no haber tenido el valor de seguir adelante cuando debí hacerlo, por negarme a huir sin mirar atrás cuando lo sentía todo perdido, por no poder eliminar mi historial como los navegadores de Internet.
Pido perdón por haber querido brillar de un modo distinto, ensalzando las anomalías donde otros ensalzan los rebaños y lo clónico, por haber querido siempre sentirme fuerte, aún cuando no podía tener más miedo.
Pido perdón por haber temido sentirme vulnerable ante otras personas, por no haber buscado de forma activa una cercanía que en el fondo aterra, por lo fácil que resulta entonces sufrir.
Pido perdón por insistir en razonar mis puntos de vista, y no rendirme con facilidad, por no ver nada malo en discutir con argumentos, incluso aunque siempre intentara tener razón.
Pido perdón por pretender hacer como los actores de teatro: amar y escuchar siempre a tus compañeros de escena; en vez de seguir los dogmas y enfrentarme a todo lo que sea diferente, por haber tolerado defectos en otros, que jamás me perdonaron.
Pido perdón por haber vivido más o menos como he querido, en vez de como se me ha dicho que viviera.
Pido perdón por no haberme callado esas cosas que uno debe callarse, por enarbolar sonrisas para protegerse de la tormenta en vez de abrazarla con mi peor cara.
Pido perdón por recordar tantas veces, a través de la música, de imágenes, de lo que sea; en vez de callar mi memoria y seguir igual, por dejar vagar mi mente cada mañana.
Pido perdón por dejar envainada mi espada, por perdonar a gente que no esperaba clemencia, por creer en la concesión de oportunidades que nadie me ha dado.
Pido perdón por pensar preguntas y respuestas a cosas de la realidad, por alimentar mi imaginación, por pensar que no todo tiene que ser como está aquí y ahora.
Pido perdón por haber difundido ideas, por haber criticado, por no callar la boca.
Pido perdón por todos esos momentos que debería haber estado en alguna parte y no he estado.
¿Cuál es mi penitencia, Padre?
Pido perdón por haber difundido ideas, por haber criticado, por no callar la boca.
Pido perdón por todos esos momentos que debería haber estado en alguna parte y no he estado.
¿Cuál es mi penitencia, Padre?
domingo, 29 de julio de 2012
No es un saludo cualquiera.
Hola de nuevo...
Jamás pensé que estaría haciendo esto, incluso ahora lo veo raro. Después de tanto tiempo comprobando que había un abismo entre los dos, lo lógico hubiera sido alejarse por siempre... pero no se nos deja olvidar por las buenas, y aún así, no siempre queremos abandonarnos a semejante idea. Aún con el frío cortante, con la incomodidad, con el dolor, aún así, a veces la morriña y el anhelo vencen al orgullo y a "lo conveniente".
He pensado mucho en qué te diría en una ocasión semejante, enormes y emotivas declamaciones condenadas a morir y ser olvidadas. Las palabras no bastan para hacer justicia a tantos hechos, así que me limitaré a decir:
"Hola de nuevo, cuánto tiempo."
lunes, 9 de julio de 2012
Cansancio de todos, cansancio de tí.
Llegó el día en que me aburrí
de tus palabras congeladas,
de la despectiva crueldad
de tus esquirlas de oro puro.
Me cansé de mirar por la ventana
y sólo ver a la gente desconsolada
caminar entre una horda de cadáveres
que esgrimen ídolos de humo y vacío
en nombre de principios corruptos,
de deidades en descomposición,
de la eterna y sacrosanta ignorancia,
elevada al más alto panteón
por el cáncer de un mundo malogrado.
No suficiente con esquivar de día el carnaval macabro,
tu rostro de cruel inocencia, de amorosa depredadora
tiñe de humedad las largas noches de privación y martirios,
siega los ánimos que los cataclismos no pueden tumbar.
Frágil como hecha de cristal viviente, te venero ferviente,
para que te muestres cruel como el hielo y fría como el acero.
Llegó el día en que me harté de perseguirte,
de soportar abnegado tu desprecio,
de ver lágrimas de sangre en mi almohada,
de sacrificar mi inocencia a diario,
junto al amor propio, junto a la esperanza,
sólo a cambio de desdén e indiferencia.
Se acabó
se acabó todo,
el llorar por tí,
el vivir atenazado
por sádicas voces sediciosas,
el olvidarse de sí mismo
mientras se compadece de todos,
el tener que pensar por dos y trabajar por tres.
el esperar tornar el odio en amor
con mi constante sacrificio.
Me he cansado de todo,
hasta de los versos y la métrica.
Hasta de escribir este poema,
y de quejarme de este mundo,
de tí y de todo.
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