¿Crímenes? ¿Por qué crímenes?

¿No habéis reparado en lo poco que se espera que hagamos en el mundo actual? Es como si la gente aspirara a decírtelo todo en todas las situaciones, qué debes hacer, qué debes sentir, qué debes pensar... en definitiva, a destruir tus propias decisiones, emociones y pensamientos. Cualquier acto de protección de éstos, por inofensiva que sea, parece un crimen imperdonable, y así es como yo, tú, y otros seres curiosos y despiertos, nos volvemos delincuentes.

lunes, 30 de julio de 2012

Confesiones vividoras.

Padre, he pecado, y por eso pido perdón.

Pido perdón porque he querido de verdad, más allá del dinero, el sexo en bruto o el capricho pasajero. He querido a pesar de haber sido torturado por la persona querida. Incluso ahora sigo igual. La tengo más cerca de lo que usted ahora podría imaginarse, porque en la mente ya le he hecho un lugar eterno, donde siempre pueda ser reina cuando no la tenga delante.

Pido perdón por haber sido más romántico de lo que está bien visto, por no haberme subido al tren de los autoservicios amorosos cuando pasó ante mí, por haber pretendido enamorarme antes de tirarme al sujeto, consiguiendo al final enamorarme sin haber desnudado a la persona.

Pido perdón por haber pensado que las reglas del amor eran complejas, por idear estratagemas para buscar ventaja y así enamorar, aún sabiendo que mis estratagemas fallan siempre, por no haber tenido el valor de seguir adelante cuando debí hacerlo, por negarme a huir sin mirar atrás cuando lo sentía todo perdido, por no poder eliminar mi historial como los navegadores de Internet.

Pido perdón por haber querido brillar de un modo distinto, ensalzando las anomalías donde otros ensalzan los rebaños y lo clónico, por haber querido siempre sentirme fuerte, aún cuando no podía tener más miedo. 

Pido perdón por haber temido sentirme vulnerable ante otras personas, por no haber buscado de forma activa una cercanía que en el fondo aterra, por lo fácil que resulta entonces sufrir.

Pido perdón por insistir en razonar mis puntos de vista, y no rendirme con facilidad, por no ver nada malo en discutir con argumentos, incluso aunque siempre intentara tener razón.

Pido perdón por pretender hacer como los actores de teatro: amar y escuchar siempre a tus compañeros de escena; en vez de seguir los dogmas y enfrentarme a todo lo que sea diferente, por haber tolerado defectos en otros, que jamás me perdonaron.

Pido perdón por haber vivido más o menos como he querido, en vez de como se me ha dicho que viviera.

Pido perdón por no haberme callado esas cosas que uno debe callarse, por enarbolar sonrisas para protegerse de la tormenta en vez de abrazarla con mi peor cara.

Pido perdón por recordar tantas veces, a través de la música, de imágenes, de lo que sea; en vez de callar mi memoria y seguir igual, por dejar vagar mi mente cada mañana.

Pido perdón por dejar envainada mi espada, por perdonar a gente que no esperaba clemencia, por creer en la concesión de oportunidades que nadie me ha dado.

Pido perdón por pensar preguntas y respuestas a cosas de la realidad, por alimentar mi imaginación, por pensar que no todo tiene que ser como está aquí y ahora.

Pido perdón por haber difundido ideas, por haber criticado, por no callar la boca.

Pido perdón por todos esos momentos que debería haber estado en alguna parte y no he estado.

¿Cuál es mi penitencia, Padre?


domingo, 29 de julio de 2012

No es un saludo cualquiera.


Hola de nuevo...

Jamás pensé que estaría haciendo esto, incluso ahora lo veo raro. Después de tanto tiempo comprobando que había un abismo entre los dos, lo lógico hubiera sido alejarse por siempre... pero no se nos deja olvidar por las buenas, y aún así, no siempre queremos abandonarnos a semejante idea. Aún con el frío cortante, con la incomodidad, con el  dolor, aún así, a veces la morriña y el anhelo vencen al orgullo y a "lo conveniente".

He pensado mucho en qué te diría en una ocasión semejante, enormes y emotivas declamaciones condenadas a morir y ser olvidadas. Las palabras no bastan para hacer justicia a tantos hechos, así que me limitaré a decir:

"Hola de nuevo, cuánto tiempo."

lunes, 9 de julio de 2012

Cansancio de todos, cansancio de tí.


Llegó el día en que me aburrí
de tus palabras congeladas,
de la despectiva crueldad
de tus esquirlas de oro puro.

Me cansé de mirar por la ventana
y sólo ver a la gente desconsolada
caminar entre una horda de cadáveres
que esgrimen ídolos de humo y vacío
en nombre de principios corruptos,
de deidades en descomposición,
de la eterna y sacrosanta ignorancia,
elevada al más alto panteón
por el cáncer de un mundo malogrado.

No suficiente con esquivar de día el carnaval macabro,
tu rostro de cruel inocencia, de amorosa depredadora
tiñe de humedad las largas noches de privación y martirios,
siega los ánimos que los cataclismos no pueden tumbar.
Frágil como hecha de cristal viviente, te venero ferviente,
para que te muestres cruel como el hielo y fría como el acero.

Llegó el día en que me harté de perseguirte,
de soportar abnegado tu desprecio,
de ver lágrimas de sangre en mi almohada,
de sacrificar mi inocencia a diario,
junto al amor propio, junto a la esperanza,
sólo a cambio de desdén e indiferencia.

Se acabó
se acabó todo,
el llorar por tí,
el vivir atenazado
por sádicas voces sediciosas,
el olvidarse de sí mismo
mientras se compadece de todos,
el tener que pensar por dos y trabajar por tres.
el esperar tornar el odio en amor
con mi constante sacrificio.

Me he cansado de todo,
hasta de los versos y la métrica.
Hasta de escribir este poema,
y de quejarme de este mundo,
de tí y de todo.


sábado, 26 de mayo de 2012

Love is like a gun



Un llamarada, luego un trueno,
y se desnudó ante mis ojos,
sus prendas de aire rasgado
caen perezosas al suelo.

Se acerca amorosa y lasciva,
veloz cual suspiro en el viento,
sus promesas de amor eterno y sexo desaforado
me enturbian la mente, postrando mi cuerpo a sus anhelos.


Como un rayo ardiente, mi piel besó,
se adueñó de mi postrado ser,
se lo llevó por delante
víctima del frenesí.


Empieza a desatar sus encantos,
el arduo beso de fuego y plomo,
las caricias afiladas,
los labios crueles y duros.

Siento que su arrebato me arranca la carne
que su roce me quema la sangre y la piel,
gozo su desenfrenado avance,
mientras penetra en mi cuerpo herido.

Mis ojos se nublan por el placer
se dejan llevar por la pasión
de mi incandescente amante,
de mi concubina ígnea.

Llévame en tus brazos de metal pulido
mientras hago míos tus senos de pólvora,
mientras bebo de tu boca de acero,
mientras caigo al asfalto cautivado.

Sucumbo a la fiebre de su amor salvaje y sincero
a delirios de locura e incontenible deseo.
a fantasías de carne y de placer  infinito.
al orgasmo que consuma tu oda de amor eterno.

Y cuando, apagada la llama, vi la oscuridad a mi alrededor,
supe que era tuya para siempre, que tú eras mi último suspiro.

viernes, 16 de marzo de 2012

The Walking Spain

Anteayer me encontré, leyendo una noticia en un periódico sobre la lectura en España con un dato muy curioso: según una encuesta, el 90,6% de los españoles se consideran lectores. Esto me pareció realmente extraño, porque tengo sabido que en España se lee poco, algo, por cierto, realmente decepcionante. Entonces me fijé más atentamente en la encuesta, y descubrí que lo que consideraban "lector", era básicamente "aquel que lea por orden de un libro (cualquiera) por trimestre", esto es, cuatro libros por año, y que pueden ser de cualquier cosa, como por ejemplo, cocina.

Aunque el periódico (el "Qué!", para ser más exactos), siempre me pareció de una capacidad de información casi nula (si no te interesan los deportes y cotilleos, por lo menos), estos datos me llevaron a una reflexión:

¿Es eso un lector? ¿Tan poco leemos que eso es lo que consideramos una persona con pasión por los libros? ¿Realmente hemos caído así de bajo?

España está asistiendo a la vez a un proceso de muerte social y de muerte cultural. Muy pocos españoles tienen afición por la lectura a día de hoy. Lectura de libros, de periódicos, de lo que sea, tiene muy bajo seguimiento. ¿Tendrá algo que ver esta incultura con el retroceso de nuestra sociedad?

En realidad, en la Historia los libros rara vez tuvieron verdadero prestigio, habían sido cosa de ricos, herejes y mentes excéntricas, y por tanto ni tenían un buen apoyo social, ni podían llevar su mensaje a mucha gente, al menos, cuando no interesaba. Sin embargo, y desde la Ilustración, la gente entendida se fue dando cuenta de que la lectura es uno de los ejercicios mentales más valiosos, para ellos era fundamental leer, pues fomenta el uso de la razón, la comprensión, y además es una vía de aprendizaje (tanto entonces como ahora) formidable; por eso sus libros siempre pretendían tener un fin de educar, de instruir, pues tenían claro que los libros eran claves en el desarrollo.

En realidad, los Ilustrados, como dice el refrán, habían descubierto el Mediterráneo. Los entendidos ya sabían estas virtudes de la lectura, y de hecho, también empezaba a surgir la literatura como una fuente de críticas hacia el mundo, como revulsivo, como fuerza capaz de cambiar el mundo (así por ejemplo las críticas morales que se hacen en el Quijote, en el Lazarillo de Tormes...). Sin embargo, la Ilustración introdujo una verdadera revolución al entender que estas ventajas debían introducirse (aunque de forma controlada, para que no se les fuera de las manos) entre el pueblo, incapaz de leer o escribir, y por tanto fácil de manipular.

Aunque la Ilustración no llegó a dar nunca una gran formación al pueblo, al ir más encaminada a las élites, la idea de la necesidad de educar al pueblo cundió con el tiempo entre las poblaciones. Ya en los inicios del movimiento obrero, una de las primeras acciones de sus miembros era las más de las veces la creación de escuelas gratuitas a las que asistieran los obreros y así aprender y formarse. La 1ª Internacional, por ejemplo, tenía una enorme biblioteca con todo tipo de volúmenes, muchos de los cuáles no eran políticos ni económicos. Curiosamente, junto con esta búsqueda del desarrollo cultural del pueblo vino no sólo la petición de mejores condiciones de vida (algo que se hubiera producido igualmente), sino también la exigencia por parte de gente entendida de que se respetaran de verdad sus derechos. Aunque también es cierto que mayoritariamente la incultura siguió siendo un hecho predominante entre las clases bajas (especialmente rurales), y el éxito de estos intentos de difusión de la cultura fue relativamente escaso, ayudó a que figuras claramente instruidas llevaran la lucha social a condiciones favorables a la gente normal. Condiciones que ahora vemos impasibles cómo parecen estar preparándose varios para dinamitar.

¿Y qué nos pasa?

El libro en España está considerado un artículo de lujo. Es lógico ponerlos por detrás de la comida y otros bienes de primera necesidad, pero el problema es que actualmente parece que un coche, un iPhone y otros elementos similares se hayan convertido en artículos de primera necesidad, se venden de forma me atrevería a decir más masiva que los libros. ¿Ayuda un coche a pensar? No. ¿Ayuda un iPhone a pensar? No necesariamente. Y sin embargo, hay gente con dos coches, móvil, iPhone, iPod, y otros trastos que por definición son de segundo (o a veces tercer) orden, y con no más de media docena de libros. Aunque en otros Países del Primer Mundo también esté pasando algo similar, es aún más grave en España, donde los libros han parecido perder toda importancia desde la Transición.

Un cerebro al que no se le obliga a pensar tiende a dejar de hacerlo. Un cerebro que no piensa es fácilmente moldeable. Alguien moldeado no trabaja para él mismo sino para otra persona a la que puede que no le importe en absoluto el bienestar de ésta si le trae algún beneficio. ¿Es eso lo que queremos? ¿Dejar de ser nosotros para ser los instrumentos de otros?

Este fenómeno no se está dando únicamente en los libros, está afectando al mundo de la cultura en su totalidad. El teatro, que en su representación presenta una capacidad de desarrollar crítica parecida, y aunque dé menor lugar a la imaginación si tiende a conmover más, ha pasado de ser un género de masas a un género casi minoritario y en general para gente de la tercera edad o cercana a ésta. Madrid es famosa por su amplia oferta cultural, con muchos museos con entrada gratuita a determinados horarios, exposiciones, visitas culturales y otras actividades enriquecedoras a precios asequibles, sin embargo, al final los extranjeros son los que aprovechan casi exclusivamente esas oportunidades. ¿Por qué este rechazo?

Sería comprensible, a día de hoy, que estas ofertas no se aceptaran por pobreza, sin embargo, el dinero está ahí. Una entrada a un Barça-Madrid puede costar fácilmente 500 euros (¿ha visto aún así alguien un Barça-Madrid con muchas plazas libres?), una entrada a una ópera del Teatro Real difícilmente llega a los 250 (y son datos fiables), esto es, en la mayoría de casos si no en todos, por una entrada a un Barça-Madrid obtienes dos al Teatro Real en palcos caros (y seguramente buenos), si buscas asientos más baratos puedes conseguir cuatro o cinco con facilidad. El tópico de que la cultura es cara difícilmente podía estar más descarriado que en la última década. El seguimiento del fútbol por parte del pueblo español en comparación con el seguimiento de las noticias y la cultura es realmente antinatural. El periódico más leído en España es el Marca, y aún así tiene un número relativamente bajo de lectores.

El fútbol no es ni el único ni el verdadero culpable de la agonía cultural de los habitantes de España, ser inteligente no está reñido con el fútbol. Sin embargo, están surgiendo por todas partes fenómenos tristemente calificables como "de masas" que en la inmensa mayoría de casos sí lo está. Es el fenómeno del seguimiento de telebasura.

La televisión es probablemente uno de los inventos peor utilizados por el ser humano. Lo que se suponía sería un medio informativo sin precedentes desde la radio ahora apenas puede conservar fragmentos de la función para la que fue concebida frente a un tropel de telebasura tal que ya casi se ha hecho con canales enteros (como Telecinco). Estas ofertas de telebasura en general responden a términos similares a "programa de corazón". Muchos consisten en gente que asegura haber hurgado en la vida privada de otras personas famosas, con frecuencia inventándose buena parte de la información. Otros juntan a un grupo de gente que habla constantemente sobre temas que no tienen ningún interés. Pero hay otro tipo de programas de esta índole aún más horribles. Traen a gente que aparentemente nadie conocía de nada a escenarios en los que sacan a relucir sus trapos sucios, sus intimidades más reprochables, y en definitiva, lo podridos que están por dentro. Estos personajes que no son nada y que salen por la televisión por asegurar que han tenido relaciones con tal o cuál persona, por cualquier presunto dilema familiar, o por cualquier tontería similar, acaban haciéndose un hueco entre todos los nombres que la gente recuerda, hasta que se confunden con unos famosos más, o quizá más que eso, pues la gente los sigue día a día, con una ceguera absurda. A esta categoría pertenecen joyas macabras de la estupidez humana como "¡Sálvame!", donde alternan este sistema con el de la gente que habla de cualquier cosa que en realidad tiene un interés nulo.

Engancharse a estos programas desemboca con frecuencia en un proceso de conversión a un estado de "zombi mental", pues no piensan en absoluto, por lo menos durante todo el tiempo que duran estos programas, que puede ser de muchas horas. No hace falta decir que estos programas no aportan nada a cambio, o por lo menos, nada que nos ayude a pensar como verdaderas personas. Resulta trágico pensar que es allí donde muchas personas están vertiendo la herencia de tantas luchas por condiciones de vida dignas, tanto esfuerzo, tanto sufrimiento. Uno de los grandes logros de las protestas obreras fue conseguir para el trabajador un tiempo que dedicar a sí mismo, es lamentable hacerse a la idea de que se malgasta en escuchar las aberraciones que unas cuantas personas sin escrúpulos ni dignidad chillan en unos programas de televisión.

Un cerebro al que no se le obliga a pensar tiende a dejar de hacerlo. Un cerebro que no piensa es fácilmente moldeable. Alguien moldeado no trabaja para él mismo sino para otra persona a la que puede que no le importe en absoluto el bienestar de ésta si le trae algún beneficio. ¿Es eso lo que queremos? ¿Dejar de ser nosotros para ser los instrumentos de otros?

Ahora, con este proceso de desaparición de la cultura entre el español medio, viene otro proceso, de empobrecimiento de sus condiciones de vida. Es sin duda una gran casualidad que esta vez no haya ningún gran cerebro que exponga teorías contra la situación actual, al contrario que en todas las épocas anteriores desde la Ilustración (Jovellanos, la figura literaria de Fígaro, Keynes, etc.), sólo tenemos figuras controvertidas a las que se procesa una simpatía romántica, pero que están cayendo ante el acoso de estructuras de poder. Éstas, al menos en España, parecen haber retrocedido en el tiempo desde la Transición, se empieza a hablar de la Segunda Restauración española. ¿Dónde están los grandes pensadores esta vez? El 15-M está de capa caída, y no parece que se vaya a formar ningún movimiento que lo apoye, ni le tome el relevo si finalmente se disuelve. ¿Qué pasa con la gente? En otros países europeos la crisis actual no está repercutiendo sobre las condiciones de trabajo (y sobre las de vida no mucho) debido al inconformismo de su gente. ¿Aquí, qué pasa?

Mientras aquí en España se difunda hasta tal punto y en tantos ámbitos diferentes la cultura, la gran mayoría de las personas no pensarán bien lo que votan o dejan de votar, lo que les dicen o les dejan de decir, lo que ocurre en sus propias narices en el país (no hablemos ya de fuera), se convertirán en el apoyo a una vuelta a la etapa inmediatamente posterior a la Revolución Industrial, en una humanidad sin razón, futuro, voluntad ni esperanza, poco más que zombis en vida, si es que a eso lo podemos llamar vida. En definitiva, debemos alterar el rumbo de estos acontecimientos, retomar el gusto por el arte, el teatro, y sobretodo los libros, que les conceden solidez a nuestros cerebros para entender y fantasía e imaginación para ver el mundo diferente. Unidos podemos volver a comprender, todos en vez de algunos, el placer de la lectura, y será también la cultura, seguramente, la que nos permita avanzar firmes hacia un futuro más prometedor para todos.

Mantengamos con libros nuestros cerebros fuertes y abiertos, es quizá el mejor arma de la que disponemos contra el "The Walking Spain" que a lo largo de este ensayo he intentado mostrar en su proceso de desarrollo, y que se nos está intentando imponer, quién sabe si hasta desde nuestra anticuada estructura de poder. Hagámoslo, por nuestro futuro.

lunes, 12 de marzo de 2012

Éranse dos locos en un manicomio...


PRIMERA ESCENA

(Se ve un recinto casi totalmente cuadrado, salvo por una hendidura rectangular en la pared del fondo. En dicho hueco se sitúa una puerta metálica, con un poco de aire de presidio, al igual que de, hecho, todo el lugar. La habitación está oscura, iluminada únicamente por una pequeña lámpara situada en el techo, que arroja una luz blanquecina que no llega ni a iluminar debidamente las paredes y la puerta, si bien el centro del escenario es bastante visible. Hay una multitud de locos, la mayoría de ellos en las zonas más oscuras. Más cerca de la luz hay un par de locas invitando a la multitud a ver una montaña hecha a partir de una amalgama irreconocible de porquería y mugre. Todos los dementes que están a oscuras miran dicha escena, desde uno u otro lugar. Sólo dos no le prestan atención. LA DEMENTE mira de un lado a otro de la escena sin parar la vista en alguna parte. Su ropa, como la de todos los otros estaba sucia y consistía en un pantalón blanco que le quedaba ligeramente ancho, y un camisón blanco, también un poco ancho. Tras posar la mirada de un lado a otro de la estancia, observó al otro que no parecía interesado en el espectáculo de las locas. EL DEMENTE tenía un aspecto tímido, y tenía la ropa un poco más limpia. Miraba sus manos como si estuviera examinando algo que nunca hubiera visto antes. LA DEMENTE decide, finalmente, acercarse para hablarle.)

LA DEMENTE: —Hola. ¿Cómo te llamas?

EL DEMENTE: — (Se vuelve sin mostrar demasiada sorpresa. Tras uno o dos segundos, habla.) Mi canción favorita de Michael Jackson es “Billy Jeans”.

LA DEMENTE: — (No termina de entender. Al poco, reacciona.) Entonces, ¿Michael o Billy? (EL DEMENTE no contesta.) Bah, olvídalo. Yo soy Geraldine.

EL DEMENTE: —El gato come bonito. Su nombre es Big.

LA DEMENTE: — <<Bonito nombre>>. (Para sí.) A este le han encerrado por lo raro que habla.

EL DEMENTE: — (Como si le hubiera leído el pensamiento a su manera, muy contento) ¡Entonces sí quieres casarte conmigo! Llamaré a un cura.

LA DEMENTE: — <>. Yo porque un día decidí ver qué pasaba si durante una semana salía a la calle disfrazada de centurión, y ya ves que pasó.

EL DEMENTE: — (En actitud seria y comprensiva). Ves ya. Bogavantes a mitad de precio es poco precio y mucha cosa para alimentar al pollino.

LA DEMENTE: —Sí, a mí también me parece que me han encerrado por poca cosa. (Con curiosidad). ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

EL DEMENTE: — 17 de octubre de 2007. La bolsa sube un 2,53%.

LA DEMENTE: —Yo acabo de llegar. ¿A qué te dedicabas?

EL DEMENTE: — Un buen día, el enanito feliz salió a hacer su trabajo de periodista, siendo accidentalmente pisado y espachurrado por Spiderman.

LA DEMENTE: — Pues entonces, igualito a mí. De hecho, lo del disfraz era una encuesta de esas tan curiosas que algunos jefes encargan.

EL DEMENTE: — (Mirándola seriamente). Los cacharros rotos dan trabajo, pero son interesantes.

LA DEMENTE: — ¿Conoces a alguien aquí?

EL DEMENTE: — La araña cósmica tejió su red en un alcantarillado a la espera de que los tigres voladores acudieran. Smith Mc. Gogar se introdujo en la bañera a través del local de baile. Beppo no pudo más que reírse ente la estupidez de su acto.

LA DEMENTE: — (Por una vez, realmente confundida). << ¿Qué?>>. Voy a preguntártelo de nuevo, ¿conoces a alguien aquí?

EL DEMENTE: — (Muy serio, pero como embelesado). Eres... una... belleza. Cre... Creo que... me gustas.

LA DEMENTE: — (Casi, casi “alucinando”). ¿¿Qué??

Fin de la escena

SEGUNDA ESCENA

(Todos los locos se han retirado a las zonas más oscuras, (y prácticamente se han vuelto invisibles). Sólo LA DEMENTE sigue junto a la pequeña bombilla. Como es obvio, es la misma habitación).

LA DEMENTE: — (En general, en éste acto, mucho más desconcertada, extrañada y “desequilibrada” (entre comillas porque ya lo estaba antes)). Caray la de diálogos de besugos que se pueden llegar a escuchar en una sala de espera, o un local nocturno a la 8.00 de la mañana o sitios de esos. Charlas de lo más absurdas y surrealistas que se encuentran en todas partes. A veces ni hace falta buscarlos, como el mío, que tiene tela, tela. Respóndeme, ¿por qué te estoy hablando si sé que eres mi reflejo? ¿Por qué charlamos? (Pausa ensimismada) Pero esto es irse por las ramas, volvamos a la conversación. Como decía, mi diálogo si que fue extraño. Fui a visitar a mi amigo, donde tú ya sabes, ¡y desde luego no sabía cómo de mal estaba hasta que empezó a hablar! Dijo no se qué sobre Mickael Jackson –en paz descanse-, latas de bonito, un gato, un centurión, una boda, bogavantes, pollinos, la Bolsa, Spiderman, el jefe de alguien, arañas cósmicas, tigres voladores, y a un tal Beppo -¿Y quién puñetas será ese Beppo?- No entendí nada, pero era divertido, fijo. Debía de ser una película, pero entonces... ¿Qué pintarían el Beppo ese de las narices y Spiderman? ¿Tendría la boda que ver con Spiderman? ¿Lo perdería el superhéroe todo en la Bolsa? No puede ser. ¿Y el romano? ¿Estaría el hombre-araña viajando por el tiempo. Me da que no. Sé que piensas que debería preguntarle de qué hablo, reflejo mío, pero pensaría que soy una ignorante. ¿Y si fue algo que le sucedió la semana pasada? Lo daré por válido. Ahora me voy a tomar una galleta. (Coge algo del suelo que no se ve qué es y se lo come). ¡Puaj! Vaya asco de galleta. Sabe como a sardinas, mejor dicho, a pollino. Qué bien hubiera estado que supiese a bogavante. ¡Ey! ¿No es eso que suena “Billy Jeans”? ¿Quién la habrá puesto? No sé, a mí que lo de que la jefa se me haya pedido en matrimonio me ha dejado demasiado aturdida. Tendré que escapar. Me disfrazaré de centurión romano. Pero habría que pedir permiso a Beppo –cómo le quiero-. (Cansada). Debo descansar. Ahora no veo más que tigres voladores y arañas cósmicas. Me marean. (Entra EL LOQUERO, con traje de científico, mirada siniestra y una jeringuilla).

EL LOQUERO: — (Con una sonrisa nada halagüeña, ante la luz y con una luz contrapicada) Ha llegado la hora de su dosis, señorita.

LA DEMENTE: — (Asustada y perpleja). ¿Qué dosis?

Fin de la escena

ESCENA DOS Y MEDIO

(Todo exactamente igual que en la segunda escena).

LA DEMENTE: — (Ya más tranquila y nada extrañada, sino en actitud de alivio y de haber solucionado un problema) Tras el pinchazo que me dio ese tipo tan raro, ya lo veo todo claro. Vivo junto a mi amigo, y ambos estamos como una cabra. Y lo mejor de todo. Resulta que el tipo ese me ha recordado quién soy: Beppo. ¿Quién si no?