¿Crímenes? ¿Por qué crímenes?

¿No habéis reparado en lo poco que se espera que hagamos en el mundo actual? Es como si la gente aspirara a decírtelo todo en todas las situaciones, qué debes hacer, qué debes sentir, qué debes pensar... en definitiva, a destruir tus propias decisiones, emociones y pensamientos. Cualquier acto de protección de éstos, por inofensiva que sea, parece un crimen imperdonable, y así es como yo, tú, y otros seres curiosos y despiertos, nos volvemos delincuentes.

martes, 22 de enero de 2013

El consejo del horror

Mirad bien, guardaos de lo que hacéis, pues mi voz espanta las ánimas, mi aliento deseca la tierra y maldice el aire, mis palabras huelen al terror que suscitan, y mi mera visión es uan espina clavada en los costados de los seres que caminan. No ha habido en este mundo quien haya querido afrontar mi carcasa, y menos aún quien haya osado desafiar las sombras de su interior. Todos huyeron, atravesando ríos, colinas, medio mundo, lo que hiciera falta para curar sus ojos y memoria de tan desagradable espectáculo. Pues el propio miedo me teme, y ni la muerte se acomoda a mi presencia. Te has quedado aquí para arrancar la gangrena de mi interior, y no tienes miedo a su poder. No te haces a la idea ni de la mitad de las cosas que he aspirado en esta existencia monstruosa. Y sin embargo, o quizá por eso, te has quedado aquí, estando yo...

Pienso darme la vuelta. Si quieres huir, te daré lo más parecido que puedo dar a una bendición, como he hecho todos estos años. Si de verdad estás pensando en quedarte ante el ojo del huracán, mi abismo estará esperando.

viernes, 7 de diciembre de 2012

Si se pensara más como Cyrano...

¿Loar el fino pelo de orejas de borrico?
¿Ante la corrupción tener cerrado el pico?
¿Calcular con temor ante un leve anatema?
¿Hacer una visita en lugar de un poema?
¿Contar los parabienes, hacerme presentar?
¡No, gracias! Yo prefiero cantar,
soñar, sufrir, bailar, sentir la soledad,
ir con la cabeza bien alta, hablar con libertad;
sin quitarme el sombrero, contemplar universos,
por un sí o por un no, luchar... ¡o escribir versos!

Fragmento de monólogo de la obra Cyrano de Bergerac.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El sapo y el ciempiés

En un bosque que no sabría colocar en el mapa vivía un ciempiés con un gran don: era un magnífico bailarín. Todos se maravillaban ante el despliegue de habilidades del artista, todos menos un sapo, que, envidioso, no soportaba ver bailar al ciempiés.

Un día, tuvo una brillante idea para librarse del ciempiés. Le escribió una carta como si fuera un admirador que viviera en tierras lejanas, y esperó a que el ciempiés volviera a su casa. Cuando abrió la carta, pudo ver escrito lo siguiente:

"Saludos:

Vengo de tierras lejanas, y en un corto viaje que hice a través de su bosque, tuve el placer de observar su danza. Tiene usted mucho talento, y me gustaría poder llegar a hacer algo parecido en mi vida. ¿Cómo lo hace usted, alterna las patas 43 y 15 o pasa de la 81 a la 76?

Gracias por su atención."

Después de leer esto, se dio cuenta de una cosa. El siempre había sido muy bueno, pero no sabía exactamente cómo bailaba. Esa noche no pudo dejar de darle vueltas a la idea, y cuanto más pensaba en ello, menos magia veía en aquel baile que a tantos había fascinado. Cuando llegó la mañana, se miró en el espejo antes de salir al exterior. Toda su vida se había resumido en bailar, y ya no veía ningún sentido en ello. Ese día no bailó. De hecho, nunca volvió a bailar.

Quizá alguien piense por qué he escrito una fábula en este espacio. Probablemente sea en esta fábula donde mejor podamos intuir la regla de oro de la vida. Al igual que el baile del ciempiés, es hermosa hasta que intentamos desentrañarla y comprender por qué, y para qué. La vida no tiene por sí misma ningún sentido. Es nuestro deber dárselo.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Yo he visto el futuro...

...y he visto una tierra de sonámbulos y de héroes muertos y excomulgados. Las casas todas se tiñen de rojo cada mañana, entre griteríos, horror, ira y angustia. En todas las calles hay un lince muerto, arrojado desde el balcón de una casa vacía, ante la visión de las velas negras de Teseo.

He visto el futuro, y en él nadie pasea por placer. Las calles bullen de caricaturas famélicas que acechan a aquellos que bajan. Los cubos están volcados, escarbados a conciencia, su interior, roído hasta la médula. Los esqueletos de los seres que no consiguieron imponerse se entremezclan con los de las personas, que intentando vivir, no lograron huir de ellos. Los niños medio comidos dan fe de la ruina de este mundo, de la muerte de la humanidad, y del ocaso del "homo sapiens".

Lejos de las ciudades, las tenias viven en casas de oro y perlas policromadas. Cada semana se alimentan de un millar de vidas, arrebatadas a traición. Todos los meses osos y dragones les traen los cráneos de aquellos que las desafiaron. Se llenan la boca del deber sobre el que escupen, mientras violan con sus oraciones al cielo y a la tierra.

He visto el futuro, y en él han vuelto los esclavos. Los hombres se dividen en humanos y en propiedades. El término  "clase media" lleva años sin tener significado, y la razón ha sido herida de muerte, con la única opción de desangrarse donde quisiera en esta tierra seca. El "Derecho de Pernada", la "Ley de Fugas", todos los lánguidos espectros de timos asesinados, han encontrado su santuario.

He visto el futuro, y arde en las mareas de la guerra. Una guerra urdida desde hace años, generada por la necesidad de amparar los crímenes hechos bajo un escudo seguro. Un escudo seguro que sólo la amenaza de las lunas que trae el mar podía aportar. Ríos de acorazados llenan el mar de proyectiles, mientras las costas a los dos lados del mar desaparecen del globo. A kilómetros del frente no queda un alma que no esté recubierta de sangre, que no haya matado pueblos enteros con sus manos.

He visto el futuro, y en medio del caos y la desidia, veo un trono de huesos forrado de pieles humanas. A sus pies se vierte la sangre de mil sacrificios a la semana, y en él se sienta observador un cadáver burlón y despótico. El que fue enterrado con sus víctimas habrá salido a terminar lo que empezó, y a sus pies se agazapan gimoteantes los obscenos paladines que nos prometieron superar los tiempos oscuros con su ayuda.

He visto el futuro. Parece imposible que algo así pueda llegar a suceder, ciertamente, casi impensable. Pero también era impensable que fuéramos a pagar tres veces por nuestros medicamentos, y lo vamos a hacer. Era impensable que implantáramos amnistía fiscal, y se hizo. Era impensable que el IVA de nuestra cultura estuviera al 21% mientras se subvenciona con dinero público las corridas de toros, y se ha hecho. Era impensable que tuviéramos que pagar por defendernos en un tribunal judicial, y se está haciendo.

Damos tumbos hacia el futuro, pretendiendo que sea otro el que defienda nuestro honor, sin plan, sin rumbo.    Y mientras, hay que vivir, con la esperanza de que nadie puede acertar cuando ve el futuro.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El villano de la historia

¿Ninguna vez te ha pasado? Sí, te lo digo a ti, ahora que estás leyendo esto. ¿Podrías decir que en ningún momento te apiadaste de algún villano, pensases que no merecía estar allí, que su castigo era injusto? A veces nos apiadamos de los villanos, es algo normal, creo. Al fin y al cabo, muchos villanos son algo más que seres sin escrúpulos que buscan moldear el mundo a su imagen y semejanza y torturar y asesinar horriblemente a cualquiera que discrepe. Muchos tienen una historia, una cadena de hechos que los habrá hecho llegar hasta ese punto en el que se pasa del bien al mal. Y a veces puede que te parezca que eso no basta para condenar al villano de turno. Que ese no es su lugar, que la balanza de la justicia ha vuelto a desequilibrarse, que no se merecía el castigo al que es sometido.

A mí al menos me ha pasado, no sé si es un problema mío o no. El caso es que, una vez más, la realidad supera a la ficción, y la vida real está sembrada de individuos que son castigados como criminales, terroristas, agitadores, o incluso monstruos (en sentido figurado) y herejes. Y entonces, puede, sólo puede, que alguno de estos pobres diablos te parezca merecedor de compasión, de respeto, o incluso de aprobación. Y entonces piensas: ¿por qué eres el malo?

Y desde ese preciso momento, todo el vórtice de información que puedas recibir sobre el susodicho sujeto deja de tener sentido, se está siendo exageradamente cruel con alguien, ya sea culpable o inocente, y el mundo en que vives y que (normalmente) aprueba la sentencia roza ya la villanía que pretende erradicar.

Y al final, algunas personas van más allá, y analizan de este modo, no ya a una figura de ficción, a un personaje histórico, o a alguien que ha salido en los periódicos o la televisión. Algunas personas acaban mirándose a sí mismas y a lo que las rodea. Y entonces, empiezan los verdaderos problemas, porque no puedes imaginarte de  buenas el rol que alguien de tu entorno cercano puede tener, y cuándo puede que cambie inesperadamente de papel.

Y una vez estás ahí, ¿no te ha pasado alguna vez que en algún momento de la historia, tú has sido el malo? ¿Y no has sentido alguna vez que te juzgaran como si lo fueras, sin que hubiera malicia en las acciones que acarrearon el castigo, y que la crueldad del mismo es desproporcionada?

lunes, 15 de octubre de 2012

De ruinas y renaceres.

Sigo aquí, luchando entre estas ruinas,
estas ruinas que fueron en su día un sueño áureo,
un sueño áureo condenado a morir
bajo la abrasadora sombra de tus labios,
labios ahora inexpresivos y ausentes, que antaño albergaron sonrisas
por las que vendí mi aliento y mis entrañas.

Mis entrañas arden en fuego frío,
fuego frío proveniente de necias forjas,
necias forjas alimentadas por la estupidez
de turbas de seres vacíos y absurdos cetros
que pasean descaradas razones por calles de carroña.

La carroña se quema entre los páramos de mi memoria
entre cráteres sollozantes y rencorosas brechas.
Aquí resisto, rebelde y listo para volver a avanzar,
avanzar hacia el cambio, el renacer, el futuro, el triunfo.

Triunfo sobre la adversidad, sobre el miedo,
sobre la estupidez, sobre el recuerdo y su ausencia,
sobre ti, sobre mí, hacia un mejor futuro.

No olvides que yo sigo buscando un yo mejor,
que no soy el mismo, que ahora afronto mis cargas,

que algún día volveremos a vernos, sin sombras, sin dagas, sin miedo.

lunes, 20 de agosto de 2012

Miedo a querer

Entonces le pregunté por qué lloraba, por qué me rehuía como a una sombra. Leía el miedo en sus lágrimas, y ella lo sabía...

-Querer a alguien te hace vulnerable a él. Y todas las personas ante las que me he hecho vulnerable me han dado motivos para tener miedo a esa situación.

Se le estaban empezando a secar las lágrimas. Haciendo lo que parecía un gran esfuerzo por recuperar la compostura, se me encaró:

-¿Me va a pasar lo mismo contigo?