¿Crímenes? ¿Por qué crímenes?

¿No habéis reparado en lo poco que se espera que hagamos en el mundo actual? Es como si la gente aspirara a decírtelo todo en todas las situaciones, qué debes hacer, qué debes sentir, qué debes pensar... en definitiva, a destruir tus propias decisiones, emociones y pensamientos. Cualquier acto de protección de éstos, por inofensiva que sea, parece un crimen imperdonable, y así es como yo, tú, y otros seres curiosos y despiertos, nos volvemos delincuentes.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El sapo y el ciempiés

En un bosque que no sabría colocar en el mapa vivía un ciempiés con un gran don: era un magnífico bailarín. Todos se maravillaban ante el despliegue de habilidades del artista, todos menos un sapo, que, envidioso, no soportaba ver bailar al ciempiés.

Un día, tuvo una brillante idea para librarse del ciempiés. Le escribió una carta como si fuera un admirador que viviera en tierras lejanas, y esperó a que el ciempiés volviera a su casa. Cuando abrió la carta, pudo ver escrito lo siguiente:

"Saludos:

Vengo de tierras lejanas, y en un corto viaje que hice a través de su bosque, tuve el placer de observar su danza. Tiene usted mucho talento, y me gustaría poder llegar a hacer algo parecido en mi vida. ¿Cómo lo hace usted, alterna las patas 43 y 15 o pasa de la 81 a la 76?

Gracias por su atención."

Después de leer esto, se dio cuenta de una cosa. El siempre había sido muy bueno, pero no sabía exactamente cómo bailaba. Esa noche no pudo dejar de darle vueltas a la idea, y cuanto más pensaba en ello, menos magia veía en aquel baile que a tantos había fascinado. Cuando llegó la mañana, se miró en el espejo antes de salir al exterior. Toda su vida se había resumido en bailar, y ya no veía ningún sentido en ello. Ese día no bailó. De hecho, nunca volvió a bailar.

Quizá alguien piense por qué he escrito una fábula en este espacio. Probablemente sea en esta fábula donde mejor podamos intuir la regla de oro de la vida. Al igual que el baile del ciempiés, es hermosa hasta que intentamos desentrañarla y comprender por qué, y para qué. La vida no tiene por sí misma ningún sentido. Es nuestro deber dárselo.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Yo he visto el futuro...

...y he visto una tierra de sonámbulos y de héroes muertos y excomulgados. Las casas todas se tiñen de rojo cada mañana, entre griteríos, horror, ira y angustia. En todas las calles hay un lince muerto, arrojado desde el balcón de una casa vacía, ante la visión de las velas negras de Teseo.

He visto el futuro, y en él nadie pasea por placer. Las calles bullen de caricaturas famélicas que acechan a aquellos que bajan. Los cubos están volcados, escarbados a conciencia, su interior, roído hasta la médula. Los esqueletos de los seres que no consiguieron imponerse se entremezclan con los de las personas, que intentando vivir, no lograron huir de ellos. Los niños medio comidos dan fe de la ruina de este mundo, de la muerte de la humanidad, y del ocaso del "homo sapiens".

Lejos de las ciudades, las tenias viven en casas de oro y perlas policromadas. Cada semana se alimentan de un millar de vidas, arrebatadas a traición. Todos los meses osos y dragones les traen los cráneos de aquellos que las desafiaron. Se llenan la boca del deber sobre el que escupen, mientras violan con sus oraciones al cielo y a la tierra.

He visto el futuro, y en él han vuelto los esclavos. Los hombres se dividen en humanos y en propiedades. El término  "clase media" lleva años sin tener significado, y la razón ha sido herida de muerte, con la única opción de desangrarse donde quisiera en esta tierra seca. El "Derecho de Pernada", la "Ley de Fugas", todos los lánguidos espectros de timos asesinados, han encontrado su santuario.

He visto el futuro, y arde en las mareas de la guerra. Una guerra urdida desde hace años, generada por la necesidad de amparar los crímenes hechos bajo un escudo seguro. Un escudo seguro que sólo la amenaza de las lunas que trae el mar podía aportar. Ríos de acorazados llenan el mar de proyectiles, mientras las costas a los dos lados del mar desaparecen del globo. A kilómetros del frente no queda un alma que no esté recubierta de sangre, que no haya matado pueblos enteros con sus manos.

He visto el futuro, y en medio del caos y la desidia, veo un trono de huesos forrado de pieles humanas. A sus pies se vierte la sangre de mil sacrificios a la semana, y en él se sienta observador un cadáver burlón y despótico. El que fue enterrado con sus víctimas habrá salido a terminar lo que empezó, y a sus pies se agazapan gimoteantes los obscenos paladines que nos prometieron superar los tiempos oscuros con su ayuda.

He visto el futuro. Parece imposible que algo así pueda llegar a suceder, ciertamente, casi impensable. Pero también era impensable que fuéramos a pagar tres veces por nuestros medicamentos, y lo vamos a hacer. Era impensable que implantáramos amnistía fiscal, y se hizo. Era impensable que el IVA de nuestra cultura estuviera al 21% mientras se subvenciona con dinero público las corridas de toros, y se ha hecho. Era impensable que tuviéramos que pagar por defendernos en un tribunal judicial, y se está haciendo.

Damos tumbos hacia el futuro, pretendiendo que sea otro el que defienda nuestro honor, sin plan, sin rumbo.    Y mientras, hay que vivir, con la esperanza de que nadie puede acertar cuando ve el futuro.

domingo, 4 de noviembre de 2012

El villano de la historia

¿Ninguna vez te ha pasado? Sí, te lo digo a ti, ahora que estás leyendo esto. ¿Podrías decir que en ningún momento te apiadaste de algún villano, pensases que no merecía estar allí, que su castigo era injusto? A veces nos apiadamos de los villanos, es algo normal, creo. Al fin y al cabo, muchos villanos son algo más que seres sin escrúpulos que buscan moldear el mundo a su imagen y semejanza y torturar y asesinar horriblemente a cualquiera que discrepe. Muchos tienen una historia, una cadena de hechos que los habrá hecho llegar hasta ese punto en el que se pasa del bien al mal. Y a veces puede que te parezca que eso no basta para condenar al villano de turno. Que ese no es su lugar, que la balanza de la justicia ha vuelto a desequilibrarse, que no se merecía el castigo al que es sometido.

A mí al menos me ha pasado, no sé si es un problema mío o no. El caso es que, una vez más, la realidad supera a la ficción, y la vida real está sembrada de individuos que son castigados como criminales, terroristas, agitadores, o incluso monstruos (en sentido figurado) y herejes. Y entonces, puede, sólo puede, que alguno de estos pobres diablos te parezca merecedor de compasión, de respeto, o incluso de aprobación. Y entonces piensas: ¿por qué eres el malo?

Y desde ese preciso momento, todo el vórtice de información que puedas recibir sobre el susodicho sujeto deja de tener sentido, se está siendo exageradamente cruel con alguien, ya sea culpable o inocente, y el mundo en que vives y que (normalmente) aprueba la sentencia roza ya la villanía que pretende erradicar.

Y al final, algunas personas van más allá, y analizan de este modo, no ya a una figura de ficción, a un personaje histórico, o a alguien que ha salido en los periódicos o la televisión. Algunas personas acaban mirándose a sí mismas y a lo que las rodea. Y entonces, empiezan los verdaderos problemas, porque no puedes imaginarte de  buenas el rol que alguien de tu entorno cercano puede tener, y cuándo puede que cambie inesperadamente de papel.

Y una vez estás ahí, ¿no te ha pasado alguna vez que en algún momento de la historia, tú has sido el malo? ¿Y no has sentido alguna vez que te juzgaran como si lo fueras, sin que hubiera malicia en las acciones que acarrearon el castigo, y que la crueldad del mismo es desproporcionada?

lunes, 15 de octubre de 2012

De ruinas y renaceres.

Sigo aquí, luchando entre estas ruinas,
estas ruinas que fueron en su día un sueño áureo,
un sueño áureo condenado a morir
bajo la abrasadora sombra de tus labios,
labios ahora inexpresivos y ausentes, que antaño albergaron sonrisas
por las que vendí mi aliento y mis entrañas.

Mis entrañas arden en fuego frío,
fuego frío proveniente de necias forjas,
necias forjas alimentadas por la estupidez
de turbas de seres vacíos y absurdos cetros
que pasean descaradas razones por calles de carroña.

La carroña se quema entre los páramos de mi memoria
entre cráteres sollozantes y rencorosas brechas.
Aquí resisto, rebelde y listo para volver a avanzar,
avanzar hacia el cambio, el renacer, el futuro, el triunfo.

Triunfo sobre la adversidad, sobre el miedo,
sobre la estupidez, sobre el recuerdo y su ausencia,
sobre ti, sobre mí, hacia un mejor futuro.

No olvides que yo sigo buscando un yo mejor,
que no soy el mismo, que ahora afronto mis cargas,

que algún día volveremos a vernos, sin sombras, sin dagas, sin miedo.

lunes, 20 de agosto de 2012

Miedo a querer

Entonces le pregunté por qué lloraba, por qué me rehuía como a una sombra. Leía el miedo en sus lágrimas, y ella lo sabía...

-Querer a alguien te hace vulnerable a él. Y todas las personas ante las que me he hecho vulnerable me han dado motivos para tener miedo a esa situación.

Se le estaban empezando a secar las lágrimas. Haciendo lo que parecía un gran esfuerzo por recuperar la compostura, se me encaró:

-¿Me va a pasar lo mismo contigo?

sábado, 18 de agosto de 2012

En este show que somos todos...

Nadie es lo que parece. Pensamos que aquellos a los que conocemos ya no pueden sorprendernos, que ya podemos deducir sus acciones, sus pensamientos, el cómo reaccionarán ante cualquier cosa que podamos imaginarnos. Creemos que lo hemos llegado a saber todo sobre ellos, o por lo menos que podemos relatar su vida con fidelidad, como si ellos fuéramos nosotros. En definitiva, que ahora que sabemos o creemos saber quiénes son y cómo son, ya los conocemos sin un atisbo de duda.

A veces no hace falta ni que los conozcamos de verdad, entonces pensamos, como si despreciáramos en lo más hondo a dichas personas, que simplemente no van a hacer nada tan extraordinario como para que te detengas y mires, como para que te preguntes por qué ni cómo.

Estas convicciones, en las que todo el mundo ha creído, muchos creen, e incluso creerán después de haber leído estas líneas, o incluso después de haber experimentado los hechos aquí expuestos; no son, sin embargo, nada más que meros artificios para que nuestra mente permanezca apegada a nosotros, para que no se distraiga en los misterios de las vidas de otros, una necesidad de tener unos esquemas rígidos para alimentar una impresión de normalidad y estabilidad en la vida y en el mundo.

Jamás se llega a comprender realmente a una persona, el cerebro humano ha demostrado ser demasiado complicado como para que ni siquiera lleguemos a acercarnos a entenderlo. Es más, lo más normal es que una persona no llegue ni a terminar de comprenderse a sí misma, incluso en situaciones que podríamos llamar cotidianos, no hablemos ya de situaciones anormales. La máxima comprensión que podemos tener sobre una persona son las suposiciones, que formulamos como si fueran infalibles, sobre lo que hará o no hará dicha persona en determinadas situaciones, suposiciones obtenidas en base a vastas cantidades de datos que habremos recopilado (o no) antes de realizar cualquier tipo de predicción. Otras veces, vamos más lejos, y no atenemos ya no a datos sino a prejuicios a raíz de observaciones más o menos cuidadosas de los que nos rodean o a raíz de lo que hayamos oído sobre ellas.

Al final, y aunque a menudo nos lo neguemos continuamente, nunca sabemos cuándo la persona que mejor creíamos entender hará algo que echará por tierra todos nuestros esquemas y predicciones.
La propia vida de la gente en realidad es un misterio. Un día, el menos pensado, por accidente casi seguro, descubres una nueva faceta de un individuo que creías tener identificado, quizá el descubrir quedurante un tiempo ha sido actor o actriz, quizá la afirmación de unas inclinaciones que calló y disimuló todo el tiempo a causa del miedo, quizá descubras por accidente un horrible secreto que dicha persona ha guardado con celo año tras año, o quizá descubras que ha estado fingiendo un determinado estilo de vida todo el tiempo... las posibilidades son infinitas

en este show que somos todos.

jueves, 16 de agosto de 2012

¿Qué es actuar?

Saber actuar es convertir la vida de otras personas en la tuya. Dejar que sus emociones, pensamientos, decisiones y circunstancias penetren en ti como un vendaval cortante. Convertirte en otra persona completamente distinta. Saber actuar es querer a todos tus compañeros de escenario, aunque sean las personas más detestables que te podrías esperar, a veces hasta amarlas. Y a veces también significa hacer cosas que jamás pensaste que podrías llegar a hacer con un ser querido. Saber actuar es desenmarañar la red de acciones y reacciones en que se basa el trato humano, comprender por qué, cómo, qué, y entre quiénes. Saber actuar es desprenderte de las cadenas de la vergüenza, saber el valor que el más mínimo movimiento de cualquier parte de tu cuerpo puede tener, y dárselo. Saber actuar es arrancar los moldes de tu mente, hacerla líquida, que se adapte a la vida que le tocará esta vez representar...

¿Es tan distinta la vida de un escenario? ¿No somos tú y yo, al igual que todos los demás, actores que no han entendido la obra e improvisan sobre la obra? ¿No estamos ahora sobre un escenario enorme, con su propio atrezzo, con el que elegimos o no interactuar? ¿No es cada una de nuestras relaciones una relación establecida entre dos actores, improvisada y desarrollada?

¿Saber actuar no es, entonces, saber vivir?