¿Loar el fino pelo de orejas de borrico?
¿Ante la corrupción tener cerrado el pico?
¿Calcular con temor ante un leve anatema?
¿Hacer una visita en lugar de un poema?
¿Contar los parabienes, hacerme presentar?
¡No, gracias! Yo prefiero cantar,
soñar, sufrir, bailar, sentir la soledad,
ir con la cabeza bien alta, hablar con libertad;
sin quitarme el sombrero, contemplar universos,
por un sí o por un no, luchar... ¡o escribir versos!
Fragmento de monólogo de la obra Cyrano de Bergerac.
¿Crímenes? ¿Por qué crímenes?
¿No habéis reparado en lo poco que se espera que hagamos en el mundo actual? Es como si la gente aspirara a decírtelo todo en todas las situaciones, qué debes hacer, qué debes sentir, qué debes pensar... en definitiva, a destruir tus propias decisiones, emociones y pensamientos. Cualquier acto de protección de éstos, por inofensiva que sea, parece un crimen imperdonable, y así es como yo, tú, y otros seres curiosos y despiertos, nos volvemos delincuentes.
viernes, 7 de diciembre de 2012
domingo, 2 de diciembre de 2012
El sapo y el ciempiés
En un bosque que no sabría colocar en el mapa vivía un ciempiés con un gran don: era un magnífico bailarín. Todos se maravillaban ante el despliegue de habilidades del artista, todos menos un sapo, que, envidioso, no soportaba ver bailar al ciempiés.
Un día, tuvo una brillante idea para librarse del ciempiés. Le escribió una carta como si fuera un admirador que viviera en tierras lejanas, y esperó a que el ciempiés volviera a su casa. Cuando abrió la carta, pudo ver escrito lo siguiente:
"Saludos:
Vengo de tierras lejanas, y en un corto viaje que hice a través de su bosque, tuve el placer de observar su danza. Tiene usted mucho talento, y me gustaría poder llegar a hacer algo parecido en mi vida. ¿Cómo lo hace usted, alterna las patas 43 y 15 o pasa de la 81 a la 76?
Gracias por su atención."
Después de leer esto, se dio cuenta de una cosa. El siempre había sido muy bueno, pero no sabía exactamente cómo bailaba. Esa noche no pudo dejar de darle vueltas a la idea, y cuanto más pensaba en ello, menos magia veía en aquel baile que a tantos había fascinado. Cuando llegó la mañana, se miró en el espejo antes de salir al exterior. Toda su vida se había resumido en bailar, y ya no veía ningún sentido en ello. Ese día no bailó. De hecho, nunca volvió a bailar.
Quizá alguien piense por qué he escrito una fábula en este espacio. Probablemente sea en esta fábula donde mejor podamos intuir la regla de oro de la vida. Al igual que el baile del ciempiés, es hermosa hasta que intentamos desentrañarla y comprender por qué, y para qué. La vida no tiene por sí misma ningún sentido. Es nuestro deber dárselo.
sábado, 1 de diciembre de 2012
Yo he visto el futuro...
...y he visto una tierra de sonámbulos y de héroes muertos y excomulgados. Las casas todas se tiñen de rojo cada mañana, entre griteríos, horror, ira y angustia. En todas las calles hay un lince muerto, arrojado desde el balcón de una casa vacía, ante la visión de las velas negras de Teseo.
He visto el futuro, y en él nadie pasea por placer. Las calles bullen de caricaturas famélicas que acechan a aquellos que bajan. Los cubos están volcados, escarbados a conciencia, su interior, roído hasta la médula. Los esqueletos de los seres que no consiguieron imponerse se entremezclan con los de las personas, que intentando vivir, no lograron huir de ellos. Los niños medio comidos dan fe de la ruina de este mundo, de la muerte de la humanidad, y del ocaso del "homo sapiens".
Lejos de las ciudades, las tenias viven en casas de oro y perlas policromadas. Cada semana se alimentan de un millar de vidas, arrebatadas a traición. Todos los meses osos y dragones les traen los cráneos de aquellos que las desafiaron. Se llenan la boca del deber sobre el que escupen, mientras violan con sus oraciones al cielo y a la tierra.
He visto el futuro, y en él han vuelto los esclavos. Los hombres se dividen en humanos y en propiedades. El término "clase media" lleva años sin tener significado, y la razón ha sido herida de muerte, con la única opción de desangrarse donde quisiera en esta tierra seca. El "Derecho de Pernada", la "Ley de Fugas", todos los lánguidos espectros de timos asesinados, han encontrado su santuario.
He visto el futuro, y arde en las mareas de la guerra. Una guerra urdida desde hace años, generada por la necesidad de amparar los crímenes hechos bajo un escudo seguro. Un escudo seguro que sólo la amenaza de las lunas que trae el mar podía aportar. Ríos de acorazados llenan el mar de proyectiles, mientras las costas a los dos lados del mar desaparecen del globo. A kilómetros del frente no queda un alma que no esté recubierta de sangre, que no haya matado pueblos enteros con sus manos.
He visto el futuro, y en medio del caos y la desidia, veo un trono de huesos forrado de pieles humanas. A sus pies se vierte la sangre de mil sacrificios a la semana, y en él se sienta observador un cadáver burlón y despótico. El que fue enterrado con sus víctimas habrá salido a terminar lo que empezó, y a sus pies se agazapan gimoteantes los obscenos paladines que nos prometieron superar los tiempos oscuros con su ayuda.
He visto el futuro. Parece imposible que algo así pueda llegar a suceder, ciertamente, casi impensable. Pero también era impensable que fuéramos a pagar tres veces por nuestros medicamentos, y lo vamos a hacer. Era impensable que implantáramos amnistía fiscal, y se hizo. Era impensable que el IVA de nuestra cultura estuviera al 21% mientras se subvenciona con dinero público las corridas de toros, y se ha hecho. Era impensable que tuviéramos que pagar por defendernos en un tribunal judicial, y se está haciendo.
Damos tumbos hacia el futuro, pretendiendo que sea otro el que defienda nuestro honor, sin plan, sin rumbo. Y mientras, hay que vivir, con la esperanza de que nadie puede acertar cuando ve el futuro.
He visto el futuro, y en él nadie pasea por placer. Las calles bullen de caricaturas famélicas que acechan a aquellos que bajan. Los cubos están volcados, escarbados a conciencia, su interior, roído hasta la médula. Los esqueletos de los seres que no consiguieron imponerse se entremezclan con los de las personas, que intentando vivir, no lograron huir de ellos. Los niños medio comidos dan fe de la ruina de este mundo, de la muerte de la humanidad, y del ocaso del "homo sapiens".
Lejos de las ciudades, las tenias viven en casas de oro y perlas policromadas. Cada semana se alimentan de un millar de vidas, arrebatadas a traición. Todos los meses osos y dragones les traen los cráneos de aquellos que las desafiaron. Se llenan la boca del deber sobre el que escupen, mientras violan con sus oraciones al cielo y a la tierra.
He visto el futuro, y en él han vuelto los esclavos. Los hombres se dividen en humanos y en propiedades. El término "clase media" lleva años sin tener significado, y la razón ha sido herida de muerte, con la única opción de desangrarse donde quisiera en esta tierra seca. El "Derecho de Pernada", la "Ley de Fugas", todos los lánguidos espectros de timos asesinados, han encontrado su santuario.
He visto el futuro, y arde en las mareas de la guerra. Una guerra urdida desde hace años, generada por la necesidad de amparar los crímenes hechos bajo un escudo seguro. Un escudo seguro que sólo la amenaza de las lunas que trae el mar podía aportar. Ríos de acorazados llenan el mar de proyectiles, mientras las costas a los dos lados del mar desaparecen del globo. A kilómetros del frente no queda un alma que no esté recubierta de sangre, que no haya matado pueblos enteros con sus manos.
He visto el futuro, y en medio del caos y la desidia, veo un trono de huesos forrado de pieles humanas. A sus pies se vierte la sangre de mil sacrificios a la semana, y en él se sienta observador un cadáver burlón y despótico. El que fue enterrado con sus víctimas habrá salido a terminar lo que empezó, y a sus pies se agazapan gimoteantes los obscenos paladines que nos prometieron superar los tiempos oscuros con su ayuda.
He visto el futuro. Parece imposible que algo así pueda llegar a suceder, ciertamente, casi impensable. Pero también era impensable que fuéramos a pagar tres veces por nuestros medicamentos, y lo vamos a hacer. Era impensable que implantáramos amnistía fiscal, y se hizo. Era impensable que el IVA de nuestra cultura estuviera al 21% mientras se subvenciona con dinero público las corridas de toros, y se ha hecho. Era impensable que tuviéramos que pagar por defendernos en un tribunal judicial, y se está haciendo.
Damos tumbos hacia el futuro, pretendiendo que sea otro el que defienda nuestro honor, sin plan, sin rumbo. Y mientras, hay que vivir, con la esperanza de que nadie puede acertar cuando ve el futuro.
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