¿Crímenes? ¿Por qué crímenes?

¿No habéis reparado en lo poco que se espera que hagamos en el mundo actual? Es como si la gente aspirara a decírtelo todo en todas las situaciones, qué debes hacer, qué debes sentir, qué debes pensar... en definitiva, a destruir tus propias decisiones, emociones y pensamientos. Cualquier acto de protección de éstos, por inofensiva que sea, parece un crimen imperdonable, y así es como yo, tú, y otros seres curiosos y despiertos, nos volvemos delincuentes.

lunes, 30 de julio de 2012

Confesiones vividoras.

Padre, he pecado, y por eso pido perdón.

Pido perdón porque he querido de verdad, más allá del dinero, el sexo en bruto o el capricho pasajero. He querido a pesar de haber sido torturado por la persona querida. Incluso ahora sigo igual. La tengo más cerca de lo que usted ahora podría imaginarse, porque en la mente ya le he hecho un lugar eterno, donde siempre pueda ser reina cuando no la tenga delante.

Pido perdón por haber sido más romántico de lo que está bien visto, por no haberme subido al tren de los autoservicios amorosos cuando pasó ante mí, por haber pretendido enamorarme antes de tirarme al sujeto, consiguiendo al final enamorarme sin haber desnudado a la persona.

Pido perdón por haber pensado que las reglas del amor eran complejas, por idear estratagemas para buscar ventaja y así enamorar, aún sabiendo que mis estratagemas fallan siempre, por no haber tenido el valor de seguir adelante cuando debí hacerlo, por negarme a huir sin mirar atrás cuando lo sentía todo perdido, por no poder eliminar mi historial como los navegadores de Internet.

Pido perdón por haber querido brillar de un modo distinto, ensalzando las anomalías donde otros ensalzan los rebaños y lo clónico, por haber querido siempre sentirme fuerte, aún cuando no podía tener más miedo. 

Pido perdón por haber temido sentirme vulnerable ante otras personas, por no haber buscado de forma activa una cercanía que en el fondo aterra, por lo fácil que resulta entonces sufrir.

Pido perdón por insistir en razonar mis puntos de vista, y no rendirme con facilidad, por no ver nada malo en discutir con argumentos, incluso aunque siempre intentara tener razón.

Pido perdón por pretender hacer como los actores de teatro: amar y escuchar siempre a tus compañeros de escena; en vez de seguir los dogmas y enfrentarme a todo lo que sea diferente, por haber tolerado defectos en otros, que jamás me perdonaron.

Pido perdón por haber vivido más o menos como he querido, en vez de como se me ha dicho que viviera.

Pido perdón por no haberme callado esas cosas que uno debe callarse, por enarbolar sonrisas para protegerse de la tormenta en vez de abrazarla con mi peor cara.

Pido perdón por recordar tantas veces, a través de la música, de imágenes, de lo que sea; en vez de callar mi memoria y seguir igual, por dejar vagar mi mente cada mañana.

Pido perdón por dejar envainada mi espada, por perdonar a gente que no esperaba clemencia, por creer en la concesión de oportunidades que nadie me ha dado.

Pido perdón por pensar preguntas y respuestas a cosas de la realidad, por alimentar mi imaginación, por pensar que no todo tiene que ser como está aquí y ahora.

Pido perdón por haber difundido ideas, por haber criticado, por no callar la boca.

Pido perdón por todos esos momentos que debería haber estado en alguna parte y no he estado.

¿Cuál es mi penitencia, Padre?


domingo, 29 de julio de 2012

No es un saludo cualquiera.


Hola de nuevo...

Jamás pensé que estaría haciendo esto, incluso ahora lo veo raro. Después de tanto tiempo comprobando que había un abismo entre los dos, lo lógico hubiera sido alejarse por siempre... pero no se nos deja olvidar por las buenas, y aún así, no siempre queremos abandonarnos a semejante idea. Aún con el frío cortante, con la incomodidad, con el  dolor, aún así, a veces la morriña y el anhelo vencen al orgullo y a "lo conveniente".

He pensado mucho en qué te diría en una ocasión semejante, enormes y emotivas declamaciones condenadas a morir y ser olvidadas. Las palabras no bastan para hacer justicia a tantos hechos, así que me limitaré a decir:

"Hola de nuevo, cuánto tiempo."

lunes, 9 de julio de 2012

Cansancio de todos, cansancio de tí.


Llegó el día en que me aburrí
de tus palabras congeladas,
de la despectiva crueldad
de tus esquirlas de oro puro.

Me cansé de mirar por la ventana
y sólo ver a la gente desconsolada
caminar entre una horda de cadáveres
que esgrimen ídolos de humo y vacío
en nombre de principios corruptos,
de deidades en descomposición,
de la eterna y sacrosanta ignorancia,
elevada al más alto panteón
por el cáncer de un mundo malogrado.

No suficiente con esquivar de día el carnaval macabro,
tu rostro de cruel inocencia, de amorosa depredadora
tiñe de humedad las largas noches de privación y martirios,
siega los ánimos que los cataclismos no pueden tumbar.
Frágil como hecha de cristal viviente, te venero ferviente,
para que te muestres cruel como el hielo y fría como el acero.

Llegó el día en que me harté de perseguirte,
de soportar abnegado tu desprecio,
de ver lágrimas de sangre en mi almohada,
de sacrificar mi inocencia a diario,
junto al amor propio, junto a la esperanza,
sólo a cambio de desdén e indiferencia.

Se acabó
se acabó todo,
el llorar por tí,
el vivir atenazado
por sádicas voces sediciosas,
el olvidarse de sí mismo
mientras se compadece de todos,
el tener que pensar por dos y trabajar por tres.
el esperar tornar el odio en amor
con mi constante sacrificio.

Me he cansado de todo,
hasta de los versos y la métrica.
Hasta de escribir este poema,
y de quejarme de este mundo,
de tí y de todo.